31 may. 2009

HOMILIA DE PENTECOSTÉS Y GUION COMPLETO. 31 de Mayo 2009


Un Material e Insumo Pastoral de Calidad Diseñado Por Nuestro Amigo Presbítero Carmelo Hernández. Desde Tenerife España.


MONICION DE ENTRADA


El Espíritu del Señor llena la tierra, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones. Hermanos y hermanas, en este domingo de Pentecostés, que la paz de Jesucristo resucitado esté con todos vosotros.
El Espíritu del Señor resucitado nos convoca a esta asamblea de hermanos. Él, el Espíritu que renueva la faz de la tierra, está presente entre nosotros hoy, en este domingo de Pentecostés, el último día de las fiestas de Pascua.
Recordemos ahora, al empezar nuestra celebración, aquel primer día en que empezamos a ser cristianos. Sobre nosotros fue derramada el agua de la vida nueva: el Espíritu de Dios se unió para siempre a nuestro espíritu y nos inundó de vida nueva. Sintamos cómo nos transforma, nos guía, nos renueva, nos hace hombres nuevos. Vivamos esta celebración sintiendo que el Espíritu del Señor se derrama de nuevo abundantemente sobre nosotros.
Recordemos ahora, al empezar nuestra celebración, aquel día de nuestro bautismo, el día en que empezamos a ser cristianos. Sobre nosotros fue derramada el agua de la vida nueva: el Espíritu de Dios se unió para siempre a nuestro espíritu. Invoquémoslo hoy sobre esta agua, y respondamos a cada invocación diciendo: Bendito seas por siempre. Señor.


(o cantado: Por siempre yo cantaré tu nombre, Señor)


· Te alabamos, Dios creador, que por el agua y la fuerza del Espíritu diste forma y figura al hombre y al universo.· Te alabamos, oh Cristo, que de tu costado abierto en la cruz, hiciste manar sangre y agua, los sacramentos de nuestra salvación.· Te alabamos, oh Espíritu Santo, que con tu potencia impetuosa haces de nosotros hombres y mujeres nuevos, testigos del Señor resucitado.Dios, Padre, bendice a tu pueblo, purifícanos del pecado y, por medio de esta agua, reaviva en nosotros el recuerdo y la gracia del Bautismo, nuestra primera pascua. Amen


ANTES DE LAS LECTURAS


El Espíritu Santo, el Espíritu del Señor resucitado, nos reúne aquí todos los domingos para escuchar la Palabra y celebrar la Eucaristía. Hoy, en este último domingo de Pascua, haciendo memoria de modo especial del don del Espíritu, vamos a escuchar la Palabra de Dios que nos renueve y nos dé vida.
Antes del Evangelio leeremos una antigua plegaria al Espíritu Santo. Unámonos a ella desde el fondo del corazón, pidiéndole que venga a nosotros, y nos renueve y nos acompañe.


HOMILIA


Es Pentecostés: El Espíritu realiza maravillas en nosotrosHechos, 2, 1-11Sal. 1031Cor. 12, 3-7.12-13Jn. 20, 19-23


‘No dejes de realizar en el corazón de tus fieles aquellas mismas maravillas que obraste en Pentecostés’, hemos pedido en la oración litúrgica. Y es que esto debe ser lo que estamos viviendo en esta celebración litúrgica.Sentimos quizá envidia de los apóstoles y discípulos reunidos en el cenáculo en Pentecostés, porque en el fondo deseamos experimentar en nosotros aquellas mismas señales de la presencia del Espíritu en nuestra vida. Pensamos en el ruido, en el viento recio, en las lenguas como llamaradas, o en el hablar lenguas extranjeras sin dificultad. Pero ¿esas son las cosas verdaderamente importantes de Pentecostés? Fueron sólo signos o señales externas de lo que más hondo se realizó. Y es lo que nosotros tenemos que buscar. Lo que queremos que se produzca hondamente en nuestro corazón.Fijándonos en los textos litúrgicos de esta fiesta nos dice que el Espíritu lleva a plenitud el Misterio Pascual de Cristo en nosotros, nos da el conocimiento de Dios y nos congrega en una misma fe; nos santifica y nos lleva al conocimiento pleno de toda la verdad revelada. Así lo había prometido Jesús. ‘Os enviaré el Espíritu de la verdad que os llevará a la verdad plena’. Y nos lo envió. Lo estamos celebrando.Nos dice san Pablo. ‘No podemos decir Jesús es Señor si no es por la acción del Espíritu’. Pero decir ‘Jesús es el Señor’ no es simplemente repetir la materialidad de las palabras, sino la confesión de fe que realizamos. Y una confesión de fe no es simplemente repetir unas palabras. Es el Espíritu que nos da el conocimiento de Dios para que podamos conocerlo. El Espíritu que ‘infunde el conocimiento de Dios a todos los pueblos’. Lo pedimos en la oración litúrgica: que ‘la efusión del Espíritu nos lleve al conocimiento pleno de toda la verdad revelada’.Sintamos todo esto como una realidad en nuestra vida. Tenemos, pues, que vivir la experiencia de la nueva comunión que se da entre nosotros por la confesión de una misma fe. Y es que el Espíritu Santo nos congrega, nos une y nos reúne, nos hace amarnos y sentirnos hermanos. ‘Todos bebemos del mismo Espíritu’ y ese Espíritu crea en nosotros una relación nueva por el amor. Y tendrá que expresarse en nuestra vida.Babel fue el signo de la confusión donde cada uno va por su lado, andamos divididos y enfrentados, nos cuesta entendernos como si habláramos lenguajes extraños. Estamos muchas veces en Babel, hablando una misma lengua pareciera que hablamos lenguajes distintos porque nuestras palabras o nuestras actitudes nos separan y nos hieren, no logramos el entendimiento sino la división y el enfrentamiento. ¿No nos hemos fijado en lo que nos sucede muchas veces en las discusiones, en las que porque no nos oímos lo que hacemos es enfrentarnos cada vez más?Ahora con la efusión del Espíritu todo tiene que ser distinto. El signo del don de lenguas que contemplamos en Pentecostés, como nos ha narrado el texto de los Hechos de los Apóstoles, viene a significar ese nuevo entendimiento y comunión que por la acción del Espíritu se realiza en nosotros.Hoy es Pentecostés. Pero no sólo porque hace 50 días de la Pascua y ahora toque Pentecostés. Hoy es Pentecostés porque hoy se realizan las mismas maravillas de Dios en nosotros por la acción del Espíritu Santo. No es un recuerdo. Tiene que ser una realidad vivida en cada uno de nosotros y en toda la comunidad, como en toda la Iglesia.Igualmente tenemos que sentir entonces en nuestro corazón ese fuego del Espíritu Santo que nos llene del amor de Dios, pero nos llena también del mismo coraje y valentía, de la misma Sabiduría divina para proclamar con conocimiento pleno que Jesús es el Señor.Hoy es Pentecostés y tenemos que sentir en lo más hondo de nosotros mismos este impulso del Espíritu que nos lleve a descubrir y desarrollar también esos carismas que el Señor nos ha dado, no para beneficio personal, sino para bien de la Iglesia. El Espíritu Santo fue ‘el alma de la Iglesia naciente’ que suscitó en el corazón de aquellos primeros cristianos esos dones y carismas que impulsaron e hicieron crecer a la Iglesia. ‘Diversas funciones, diversos ministerios, diversos dones, pero un mismo Espíritu, un mismo Señor, un mismo Dios, Padre de todos… en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común’. Eso mismo tiene que suscitarse en nosotros y en nuestra Iglesia.Tenemos que vivir un Pentecostés muy fuerte en nuestra Iglesia; algunas veces parece que está dormida por esa falta de espíritu que se aprecia en muchos cristianos que no han terminado de descubrir cuál es la función que tienen que realizar en la Iglesia y en el mundo. Está esa vida amorfa y sin iniciativas de tantos cristianos poco comprometidos; pero muchas veces los pastores, tenemos que reconocer, tampoco sabemos suscitar y valorar esos dones y carismas en los laicos en medio del pueblo de Dios.Reconozcamos las diversas funciones y ministerios que pueden y tienen que haber en la Iglesia y apoyemos la corresponsabilidad de todos los fieles en la tarea y la misión de la Iglesia. Que eso es obra del Espíritu.No porque celebramos en esta Jornada el día del Apostolado seglar está todo hecho. Es en el día a día donde tenemos que suscitar y valorar ese apostolado seglar, donde tenemos que promover que los laicos desarrollen su función en medio de la Iglesia.Es Pentecostés. Dejémonos inundar por el Espíritu Santo. Llenémonos de esa paz que es el regalo pascual de Cristo resucitado cuando envía sobre nosotros el Espíritu Santo como hizo con los apóstoles en el cenáculo. ‘Enviaste al Espíritu Santo para llevar a plenitud el Misterio Pascual’.Que lleguemos en verdad a esa plenitud del misterio pascual de Cristo. En el Espíritu nos sentimos transformados. Es el Espíritu el que nos hace pasar verdaderamente de la muerte a la vida, el que nos hace vivir en plenitud todo el misterio de Cristo. Que a partir de la vivencia de este Pentecostés se note en verdad esa nueva vida en nosotros, que revitalice a la Iglesia y que dé vida a nuestro mundo con la luz y el sabor del Evangelio.


ORACION DE LOS FIELES


Invoquemos ahora al Espíritu, el Padre de los pobres, el don de vida que fecunda nuestra existencia y renueva el camino de la humanidad. Oremos diciendo: VEN, ESPÍRITU SANTO.


1. Para que el Espíritu Santo llene con sus dones a la Iglesia, al Papa Benedicto XVI, nuestro Obispo.....y todos los Obispos y pastores de la Iglesia, para que anuncien sin cesar la salvación de Jesús a todos los hombres. oremos


2. Para que en todas partes los cristianos aportemos un buen testimonio de justicia, de amor y de fe. Oremos


3. Para que los que no creen en Cristo lleguen a descubrir la alegría del evangelio. Oremos


4. Para que el Espíritu del Señor suscite en su Iglesia personas comprometidas que anuncien de palabra y también con el testimonio de su vida el Evangelio a todos los hombres. Oremos


5. Para que toda persona, de cualquier lugar del mundo, pueda vivir con dignidad, con confianza, con esperanza de futuro. Oremos


6. Para que los pobres, los enfermos, los ancianos, todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, sientan la fortaleza del Espíritu divino y en la solidaridad de los hermanos encuentren alivio y consuelo en su necesidad y dolor. Oremos


7. Para que la Eucaristía que nos reúne todos los domingos transforme nuestro corazón y nos llene de los mismos sentimientos que tenía Jesús. Oremos


Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

10 may. 2009

HOMILIA DEL DOMINGO 08 DE MAYO 2009


Yo soy la vid, vosotros los sarmientos...


Material de apoyo Litúrgico enviado por nuestro Presbítero amigo Padre Carmelo Hernández. Desde España .


Hechos, 9, 26-31; Sal.21; 1Jn. 3, 18-24; Jn. 15, 1-8


Vivo en una zona de muchos viñedos que produce ricos caldos y afamados vinos de gran calidad. Yo no soy agricultor, como se puede suponer, pero sí hijo de agricultores y observando lo que vi hacer a mi padre y lo que uno ve hacer alrededor puede aprender muchas lecciones y - ¿por qué no? - comprender mejor lo que hoy Jesús nos dice en el Evangelio. Nos habla Jesús de la vid, de los sarmientos, de la poda y también de los frutos.Contempla uno terrenos bien cultivados y trabajados con viñedos a los que el agricultor dedica mucho trabajo y esfuerzo para obtener al final de la temporada abundantes cosechas. ¡Cuántos trabajos hay que realizar! Pero junto a esos terrenos bien cuidados se encuentra uno algunas veces con viñedos abandonados, dejados de la mano que al final lo que podrían ser hermosa viña prometedora de abundantes frutos se ha convertido en matorrales que nada producen y de los que no se podrá obtener ningún fruto. No ha habido cuidado, no se han podado a su tiempo, no se han atendido y ese es el resultado.Es convincente lo que nos dice Jesús. No podemos ser sarmientos arrancados de la vid, que sólo servirían para ser echados al fuego. Es necesario por otra parte que el labrador pode debidamente los sarmientos inútiles e inservibles para hacer que podamos obtener un buen fruto. Necesario es que seamos sarmientos bien unidos a la cepa, a la vid para que la savia de la gracia corra por las venas de nuestra vida y tengamos vida y podamos dar fruto. El mensaje de Jesús es claro. ‘Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada’. ¿Cómo estaremos unidos a Jesús? Primero que nada nuestra fe en El. Es lo primero que se nos pide y lo más fundamental. Creer en Jesús para vivir unidos a El. Hoy nos decía san Juan en su carta: ‘Este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó’. Y ese creer no es simplemente saber muchas cosas, aprender una doctrina o seguir y cumplir con unas normas. Lo que se nos pide es adherirnos a la persona de Jesús. Darle el Sí de mi vida a la persona de Jesús haciendo que El lo sea todo para mí. Luego eso tendrá unas consecuencias en conocerle más, en descubrir todo el sentido de su evangelio y vivir un estilo de vida como el de Jesús. Pero yo diría que no tenemos que empezar la casa por el tejado sino por los cimientos. Y el cimiento está en el anuncio de Jesús que hagamos a los demás para lograr esa adhesión a Jesús y esa unión con El. Algunas veces se ha comenzado no por la evangelización sino por enseñar los mandamientos, una doctrina y unas normas de vida, pero no se ha anunciado a Jesús. Es importante que primero realmente conozcamos a Jesús. Pero también nos ha dicho: ‘A todo sarmiento mío que no da fruto, lo poda para que dé más fruto’. Sí, necesitamos una purificación. Tenemos el peligro y la tentación de quedarnos en ramajes y en apariencias. Y tenemos que ir al fondo, para quedarnos en lo esencial, que es lo que dará fruto en nuestra vida, lo que va a dar sentido y valor a todo lo que hagamos.Muchas veces nos surgen pruebas en la vida. Momentos dolorosos, situaciones difíciles e inesperadas, problemas, una enfermedad que aparece, la muerte de un ser querido, y tenemos el peligro de quedarnos como patinando sin saber como reaccionar como quien no tiene un punto de apoyo fuerte y seguro en la vida. Es ahí donde tenemos que buscar lo esencial, lo que de verdad da valor a la vida porque quizá hayamos vivido con demasiados ramajes o apariencias. Necesitamos la poda para encontrar en Cristo, en su evangelio, lo que da verdadero valor y sentido a nuestra vida. Quizá esa prueba que nos aparece nos hará profundizar en nuestra vida. Es la poda. Nos hará buscar nuestro apoyo verdadero en el Señor. Porque necesitamos estar de verdad unidos a Jesús. Que encontremos así mayor sentido, por ejemplo, a nuestra oración, o a la escucha de la Palabra de Dios en nuestro corazón. Nos daremos cuenta entonces que sin El nada somos ni nada podemos, por muchas cosas que tengamos en lo humano o en lo material. ‘Permaneced en mí y yo en vosotros’, nos dice Jesús. ¡Cuánto tenemos que trabajar esto en nuestra vida! Eso significa, como decíamos, la oración que nos une a Jesús, nos hace entrar en comunión con El, en la que le pedimos su gracia y su fuerza, pero en la que también sobre todo vamos a experimentar esa presencia tan intensa de Jesús en nuestra vida. Será, como decíamos, también esa escucha de su Palabra, dejando que llegue a nuestro corazón, que sea semilla que se siembre cada día en nuestra vida para mejor conocerle y para más hondamente vivirle. Será todo lo que sea la vivencia de la celebración de los sacramentos, la vivencia de la Eucaristía para alimentarnos de El y para dejar que el habite hondamente en nosotros. Permanecer unidos a Jesús, porque además no podemos ir diciendo que vivimos nuestra fe por libre o a nuestra manera, o haciendo nuestras batallitas por nuestra cuenta. Porque Cristo nos quiere en comunión con El, pero en comunión también con todos los que estamos injertados en la misma vid. Es la comunión eclesial garantía de nuestra auténtica unión con Jesús. Una expresión de esa comunión eclesial la vemos en los Hechos de los Apóstoles cuando Pablo, después de su conversión, es presentado a los Apóstoles y a toda la comunidad. ‘Entonces Bernabé se lo presentó a los Apóstoles’, que escuchamos en la primera lectura.‘Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseáis y se realizará’, termina diciéndonos hoy Jesús en el Evangelio. ¡Qué gozo esa garantía que nos da Jesús!

1 may. 2009

HOMILIA DEL IV DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN.


UNA OPORTUNIDAD DE NUTRIRSE CON LA PALABRA DE DIOS - UN APORTE DEL PRESBÍTERO DE TENERIFE ESPAÑA. PADRE CARMELO HERNÁNDEZ.



MONICION DE ENTRADA.


La gracia, el amor y la paz de Jesús resucitado estén con todos vosotros.
Jesús resucitado nos convoca de nuevo aquí, como comunidad, en torno a su mesa. El está presente en medio de nosotros. El va delante de nosotros como el pastor que guía a su rebaño. El nos muestra el camino, El nos enseña a vivir, El nos ama a cada uno personalmente. Y El, con una entrega total, da la vida para que nosotros tengamos vida.
Por todo esto, con alegría, empezamos esta Eucaristía de Pascua. Con ganas de vivir cada día más unidos a Jesús.
Renovemos ahora nuestro compromiso bautismal. Para que la novedad de la Pascua llene totalmente nuestra vida.

ANTES DE LAS LECTURAS.


EL apóstol Pedro es conducido ante los dirigentes religiosos de Israel, los cuales le interrogan sobre la curación de un enfermo. Y Pedro, lleno de Espíritu Santo, les anuncia la Buena Noticia de Jesús. Una Buena Noticia que se dirige también a nosotros. Por eso con las palabras del salmo afirmemos nosotros la misma fe que Pedro ha anunciado: Jesús es la piedra que desecharon los arquitectos y que ha convertido en piedra angular.
Las palabras que nos dirige Juan en su carta nos llenan de alegría. Nos dicen cuanto nos ama Dios que nos hace sus hijos, y un día podremos verle cara a cara tal cual es.



Yo soy el Buen Pastor que doy mi vida por mis ovejas...
Hechos, 4, 8-12; Sal. 117; 1Jn. 3, 1-2; Jn. 10, 11-18


A veces es difícil explicarnos y para expresarnos mejor utilizamos imágenes que nos ayuden a introducirnos en el hondo contenido de nuestra fe. Así nos lo expresa hoy la liturgia y la propia palabra de Dios proclamada. Piedra angular, rebaño, pastor, praderas eternas son algunas de las imágenes que hoy se nos presentan.


La imagen del Buen Pastor con que se nos presenta a sí mismo hoy Jesús en el Evangelio es la figura central que incluso da nombre a este cuarto domingo del tiempo de Pascua. Imagen de gran riqueza que se ve complementada con la del rebaño que le sigue y que le escucha y que, adquirido por la sangre de Jesús, que da su vida por nosotros, está llamado a gozar eternamente de las verdes praderas de su Reino, como decimos en una de las oraciones de la liturgia, y allí donde la veremos tal cual es, como nos dice san Juan en su carta hoy.


Se completa además con la imagen que nos presenta Pedro, tomada de los salmos, que llama a Cristo la piedra angular de nuestra historia y nuestra vida, aunque fuera desechada por los arquitectos. Cristo es el centro y la trabazón de nuestra vida y de la comunidad cristiana que en torno a Cristo se congrega, la Iglesia.


Sí, Cristo, Buen Pastor de nuestra vida. No el asalariado al que no le importan las ovejas y huye cuando ve venir el lobo. 'Yo soy el Buen Pastor que da la vida por las ovejas...' Cristo que da su vida y la da libremente. 'Nadie me la quita', nos dice. Estamos en la Pascua y no está lejana la imagen de la entrega de Jesús, cuando en la prueba más grande del amor, muere en la cruz por nosotros.


Cristo, Buen Pastor, que da la vida para que nosotros tengamos vida. Cristo, Buen Pastor, que nos alimenta, pero siendo El mismo nuestro alimento, cuando en la Eucaristía se hace pan para que le comamos y así tengamos vida para siempre. 'Todo el que ve al Hijo y cree en El, tenga vida para siempre, vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día... el pan que yo os daré es mi carne, para la vida del mundo'.


Cristo, Buen Pastor, que nos guía y nos conduce. 'Pastor, que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño; tú que hiciste cayado de ese leño en que tiendes tus brazos amorosos...', que nos diría el místico poeta. 'Yo soy el Buen Pastor que conozco a mis ovejas y las mías me conocen... y escucharán mi voz'. Ahí está el alimento de su Palabra que nos ilumina y nos señala caminos, que nos llama y nos invita a ir con El y seguirle para vivir su vida, para llenarnos de su amor; ese amor grande que nos inunda de tal manera que al hacernos partícipes de su vida nos hace hijos. No sólo nos llama sino que nos hace hijos. 'Mirad qué amor más grande ha tenido el Padre para llamarnos hijos, pues ¡lo somos!'
¿Qué nos queda a nosotros? Escuchar su voz y seguirle. Reconocer su voz, reconociéndole como nuestro Pastor, pero también como nuestra vida, nuestra luz, nuestra salvación. Creer en El y alimentarnos de su vida. ¡Como no vamos a creer en El y seguirle cuando de tal manera nos ha manifestado su amor! Tenemos que sentirnos gozosos cuando así somos amados.

Ansiosos hemos de estar de su Palabra y de su vida. Es nuestra salvación, nuestra luz, nuestra paz y nuestro gozo.
Pero una consideración más tenemos que hacernos en este día. Cristo, Buen Pastor, se hace presente en su Iglesia y ante el mundo en aquellos que El ha dejado para que en su nombre realicen ese oficio y esa función de pastores en el pueblo de Dios. Podríamos decir que son como una prolongación de Cristo, es más, para el pueblo de Dios son otros 'cristos', porque, llamados por Cristo, realizan su misma misión.


Es la valoración que la comunidad cristiana ha de hacer de sus pastores, porque en nombre de Cristo apacientan el pueblo de Dios. Indignamente, porque somos tan pecadores como los demás, como frágiles vasijas de barro, pero a través de las cuales Cristo quiere hacernos llegar su gracia en el anuncio de la Palabra y en la celebración de los sacramentos. Valoración que se ha de manifestar sobre todo en la oración que la comunidad cristiana hace por sus pastores. ¡Cuánto bien nos hace esa oración que hacéis por los sacerdotes y por todos los consagrados al Señor! Es la gracia del Señor que necesitamos y el Señor nos concede por vuestra oración, pero también es como un estímulo en nuestro camino de superación hacia la santidad que tendría que brillar en nuestras vidas.


Pero oración también por las vocaciones, para que el Señor siga llamando a quienes han de ser pastores del pueblo de Dios. Hoy es una Jornada de oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada. 'La mies es abundante y los obreros son pocos... rogad al dueño de la mies para que mande operarios a su mies', nos enseña Jesús mismo a pedir en el evangelio.
Y cuánto cuesta en la sociedad que hoy vivimos, tan carente de valores, tan renuente al sacrificio y a la entrega sin límites, que surjan vocaciones de almas intrépidas que se sientan llamadas por el Señor, que puedan escuchar su llamada en su corazón en medio de tantos ruidos de la vida, y que den respuesta valiente y con coraje para entregarse al servicio del pueblo de Dios.


Que nuestras familias cristianas por la educación en los verdaderos valores y en los principios cristianos y evangélicos sean semilleros de vocaciones. Que se cultiven en nuestras parroquias y comunidades cristianas. Roguemos al dueño de la mies.


ORACION DE LOS FIELES


A Jesús resucitado, nuestro Pastor y nuestro guía, orémosle diciendo: JESUS RESUCITADO, ESCUCHANOS
1. Para que la Iglesia sea siempre luz de esperanza y de amor para los pobres y los débiles. Oremos
2. Para que aumenten entre nosotros las vocaciones sacerdotales y religiosas. Oremos
3. Para que todos los que se sienten llamados a la vida sacerdotal o religiosa respondan con generosidad y con un espíritu de servicio como el de Jesús. Oremos
4. Para que nuestros gobernantes trabajen con toda su voluntad y responsabilidad para que los que se están quedando sin trabajo encuentren salidas dignas a su situación. Oremos
5. Para que los enfermos recobren la salud, los ancianos no se sientan solos, todos los que sufren encuentren consuelo. Oremos
6. Para que estas fiestas de pascua nos reafirmen en la fe y en la esperanza. Oremos.
Escucha, Jesús resucitado, nuestra oración, y derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amen.