4 oct. 2009

NUEVA SERIE EN DVD SOBRE LOS PRIMEROS CRISTIANOS





Alfonso Méndiz
Soy Profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Málaga. Autor de tres libros sobre cine. Crítico de "Fila Siete" y "CinemaNet".


Hace unos días compré una serie de 9 documentales sobre “Los primeros cristianos” que acaba de lanzar al mercado Goya Producciones. La verdad es que me gustó mucho: me pareció amena, didáctica y muy bien documentada; muy útil como material docente. Me vi todos los capítulos casi del tirón.

Describe muy certeramente la transformación del mundo antiguo por la irrupción de la fe cristiana, y cuenta con numerosas recreaciones e imágenes reales, grabadas en Europa y Oriente Medio.Lo más interesante es que está apoyada por los comentarios de 26 historiadores de diversos países, que aparecen a lo largo de la serie.


Entre esos expertos destacan: Luis Suárez, de la Real Academia de Historia; Thomas E. Dillon, ex-presidente del Thomas Aquinas College (USA); y el profesor Ulrich Luz de la Universidad de Berna (Suiza).En una nota de prensa señalaba su productor, Andrés Garrigó: “Por primera vez en España se ha realizado una serie televisiva sobre los siglos iniciales de nuestra era desde una perspectiva cristiana. Incorpora las últimas investigaciones y ofrece claves para comprender el mundo actual”.El primer documental se ambienta en la época apostólica.
Hace ver cómo un puñado de hombres audaces se lanzó sin miedo a la evangelización pacífica, pero intensa, en un mundo politeísta y sensual. Su Dios no era uno “más” del panteón romano: pretendían que era el único y verdadero. No adoraban, por tanto, al Emperador; y eso les valió el martirio. Pero la sangre de los mártires sería semilla de nuevos cristianos. Y cuando caiga Roma, la religión de la Cruz será ya mayoritaria.El segundo capítulo tiene un planteamiento aún más interesante y dramático: las hordas de Atila y otros jefes bárbaros arrasan Occidente. ¿Es el fin del cristianismo, que acaba de salir por fin de las catacumbas? Al contrario, la nueva religión sale reforzada: se convierten los pueblos germánicos y la España visigótica se hace católica.
Después de Constantino, los emperadores de Oriente serán cristianos. Con mayor o menor acierto, toda una civilización se va a inspirar en los ideales evangélicos.Después de haber visto los 9 capítulos, creo entender mucho mejor aquella epóca. Recomiendo vivamente esta serie a todos los interesados en los comienzos del cristianismo. Sobre todo, me parece un material didáctico muy bueno para profesores de Historia y de Religión que deban enseñar en sus programas el nacimiento y los primeros pasos de la Fe cristiana.
TOMADO DEL BLOG:

27 sept. 2009

Encuentro de Benedicto XVI con artistas de todos los continentes



El Papa Benedicto XVI con los artistas se realizará el próximo 21 de noviembre y confirmó que este evento tendrá lugar en la Capilla Sixtina.

Ayer tuvo lugar en el Aula Juan Pablo II, la presentación de este encuentro en el que intervinieron el Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura y de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia, Mons. Gianfranco Ravasi; el Director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, y Mons. Pasquale Iacobone, Encargado del Departamento Arte y Fe, del Pontificio Consejo para la Cultura.

Se trata de un encuentro que responde al anhelo de “renovar la amistad y el diálogo entre la Iglesia y los artistas y de suscitar nuevas ocasiones de colaboración”.
Mons. Ravasi señaló la importancia y necesidad de un encuentro “entre el artista y la trascendencia, entre la belleza y la fe, ligadas entre sí por una consonancia natural, porque ambas se proponen expresar el sentido último del ser, conquistar lo infinito y lo eterno y cruzar el umbral de la superficie para intuir el secreto último de la realidad”.


La Carta de Juan Pablo II a los artistas, escrita hace diez años, y el encuentro de Pablo VI con los representantes del mundo de las artes, hace 24 años, son los dos aniversarios que enmarcan este encuentro del próximo 21 de noviembre.

19 sept. 2009


MATERIAL GENTILEZA DEL PRESBÍTERO ESPAÑOL PADRE CARMELO HERNÁNDEZ, QUIEN CADA SEMANA NOS HACE LLEGAR ESTE GRAN APORTE PASTORAL.


Jesús instruía a sus discípulos pero ellos estaban en otra onda .Sab. 2, 17-20; Sal.. 53; Sant. 3 16-4, 3; Mc. 9, 29-36.

Hablaban dos personas comentando cosas de actualidad y una le preguntaba a la otra si no había escuchado en la radio la noticia sobre la que hablaban; pero esta persona le respondía que no, porque ella no estaba escuchando esa emisora.

No habían escuchado las mismas cosas porque estaban en ondas distintas. Nos puede pasar en la vida, no escuchamos en la misma onda. Incluso estando juntos e intercambiando ideas no nos enteramos de lo que la otra persona nos quiere decir, porque estamos en otra onda, nuestros pensamientos están en otra parte.Era lo que le sucedía a los discípulos en el evangelio que hoy hemos escuchado. Jesús les hablaba y ellos no entendían. Les hablaba de Pascua, porque les hablaba de pasión y muerte y ellos no sólo ‘no entendían aquello, sino que les daba miedo preguntarle’. No era la primera vez que se los anunciaba. ‘El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará’.


Lo escuchamos ya el pasado domingo.Pero era además lo que estaba anunciado en los profetas. Isaías hoy nos habla del justo que es perseguido y puesta a prueba, ‘nos resulta incómodo, se opone a nuestras acciones… es un reproche a nuestra ideas y sólo verlo da grima, lleva una vida distinta de los demás y su conducta es diferente…


Lo someteremos a la prueba de la afrenta y de la tortura, lo condenaremos a muerte ignominiosa… si es el hijo de Dios lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos…’ Es un anuncio profético del Mesías.¿Cómo iban a entender si ellos andaban en otra onda? A pesar de lo que Jesús les había enseñado una y otra vez seguían teniendo una idea distinta de lo que había de ser el Mesías. Por eso andaban todavía con apetencias de lugares de honor y primeros puestos.

‘¿De qué discutíais por el camino?’, les preguntó cuando llegaron a casa en Cafarnaún. Pero ‘ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante’. ¡Cómo iban a entender que el Mesías había de padecer porque se iba a entregar por amor a nosotros!Discutían sobre quién era el más importante. Y ya sabemos lo que era ser importante para Jesús. Algo que había enseñado una y otra vez. ‘Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos…’ les dijo una vez más. La sintonía de Jesús pasa por el amor, por la entrega, por el servicio, por la sencillez y la humildad. Por eso les habla también de acoger a un niño, algo tan pequeño y sencillo como un niño, ‘porque el que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí, y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado’, les dice.
Cuando no estamos en esa sintonía sino en la sintonía de las apetencias y ambiciones de grandeza terminamos discutiendo y peleándonos. Y como decía el apóstol Santiago en su carta hoy ‘donde hay envidias y peleas, hay desorden y toda clase de males… codiciáis lo que no podéis tener, y acabáis asesinando; ambicionáis algo y no podéis alcanzarlo, así que lucháis y os peleáis…’Ellos vivían inmersos en lo que eran los sueños y apetencias de aquel pueblo y así tanto les costaba entender a Jesús. Nosotros vivimos también inmersos en nuestro mundo y en nuestra sociedad, que camina por sus derroteros no siempre en consonancia con el evangelio. Nuestra sintonía tiene que ser la de Jesús si es que nos llamamos cristianos.


Pero son tantas las interferencias, las influencias que recibimos de nuestro ambiente, de lo que nos rodea, del espíritu del mundo en el que vivimos. A veces oímos el mensaje de Jesús pero no siempre lo escuchamos debidamente. Tenemos que sintonizarlo bien, coger en verdad su onda.

Queremos proclamar el mensaje y el sentido de Jesús a nuestro mundo, pero quizá para ellos desafinamos. No les gusta lo que nosotros podamos proclamar. No nos pueden entender. Lo vemos en las interpretaciones que se hacen de lo que es la vida de la Iglesia, de lo que es el mensaje que la Iglesia quiere trasmitir siendo fiel al evangelio. Y buscan y rebuscan en el magisterio de la Iglesia, en los mensajes del Papa, para hacer sus interpretaciones según sus criterios. Y buscan la frase llamativa sacándola de su contexto y queriendo hacerle decir lo que realmente el Papa no dijo y cosas así. Es que el Papa tenía que haber dicho, dicen, es que el mundo va por otro lado… Pero el Papa no puede proclamar sino el mensaje del evangelio y en consecuencia la defensa de la vida, y la proclamación del amor auténtico, es una palabra, el mensaje de Jesús. No podemos buscar otra cosa.


Lo vemos con sus encíclicas, con sus discursos, con sus declaraciones. Muchos serían los ejemplos.
Tendríamos que ser signos verdaderos de ese mensaje de Jesús por nuestra vida ante el mundo que nos rodea. Como el justo del Antiguo Testamento también nos podemos encontrar rechazo y hasta quieran ponernos a prueba, como escuchamos en el texto sagrado. Miran con lupa lo que hacemos o decimos a ver si hay congruencia entre nuestra fe y nuestra vida; critican todo lo que hagamos buscando siempre cosas negativas sobre todo si no coincidimos con sus ideas o planteamientos; tratan de desestabilizarnos queriendo ridiculizar lo que podamos hacer o decir; pretenden influir en nosotros como en la sociedad para que nos dejemos llevar por su manera de entender las cosas. Pero nosotros tenemos que sentirnos seguros de nuestro seguimiento de Jesús. Porque sabemos que El sí nos auxiliará, será nuestra fuerza, nuestra luz y nuestra sabiduría. Nos ha dejado su Espíritu.

El Evangelio nos dice hoy que ‘Jesús mientras iba de camino por Galilea, instruía a sus discípulos’. Es lo que tenemos que hacer: dejar que Jesús nos siga instruyendo. No sé siempre nos dejaremos instruir lo suficiente por Jesús en tantos medios que a través de su Iglesia pone a nuestro alcance. Porque algunas veces tenemos el orgullo metido en nuestra alma y pensamos que ya nos lo sabemos todo y no necesitamos ahondar en esa formación cristiana, en esa profundización del Evangelio. Yo, desde mi experiencia, pienso que esa es una tarea pendiente en la Iglesia de hoy. Lograr que haya cristianos debidamente formados y preparados para dar razón de la fe y para poder hacer una mejor proclamación del Evangelio en nuestro mundo. Les cuesta mucho a los cristianos sentarse a estudiar la Biblia, asistir a reuniones y encuentro de formación y de profundización de la vida cristiana.
Necesitamos de ese crecimiento en el conocimiento del misterio de Cristo, en la profundización en el evangelio, en llegar a tener unas ideas claras de lo que realmente es vivir como cristianos. No temamos, como les sucedía a los discípulos hoy, preguntarle a Jesús por lo que no entendamos; y preguntarle significa esos deseos de una mejor formación cristiana y profundización en el evangelio de Jesús.



Pidámosle al Espíritu del Señor que nos dé hambre de Dios, deseos profundos de poder conocerle cada vez mejor para poder amarle más, para ser en verdad unos discípulos comprometidos por la causa del Evangelio.

30 ago. 2009


MATERIAL PASTORAL ENVIADO POR EL PADRE CARMELO HERNÁNDEZ DESDE TENERIFE ESPAÑA.


Coherencia y autenticidad en el corazón y la vidaDeut. 4, 1-2.6-8; Sal. 14; Sant. 1, 17-18.21-22.27; Mc. 7, 1-8.14-15.21-23


‘¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?’, pregunta un grupo de fariseos y letrados venidos de Jerusalén. La respuesta Jesús se la dio con palabras del profeta Isaías: ‘este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos’. Y apostilla Jesús: ‘Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres’.El Evangelista ha explicado bien lo de las costumbres convertidas en preceptos por los fariseos de lavarse las manos cuando vienen de la plaza ‘restregando bien, siguiendo la tradición de sus mayores’. Podrían haber tocado alguna cosa impura – recordemos cómo consideraban impuros a los enfermos y sobre todo a los leprosos – y eso les trasmitiría una impureza legal de la que habrían de purificarse.¿Qué era lo importante? ¿lo externo y la apariencia o lo que tiene que brotar del corazón? ¿Hacer las cosas porque siempre se han hecho así, aunque sea una rutina repetitiva y que hasta haya perdido sentido, o descubrir hondamente lo que es la voluntad del Señor y a través de su Palabra - la Palabra de Dios, no la palabra de los hombres – llenarme de nueva vida?Jesús está pidiendo coherencia de vida y autenticidad. ¡Cuánto daño hace la incongruencia! Cuando no hay coherencia y autenticidad estamos llenando la vida de mentira. Las mentiras peores no son cuando con nuestras palabras decimos una cosa por otra, sino cuando llenamos la vida de falsedad. (Algunas veces nos confesamos de que hemos dicho una mentirita piadosa y no examinamos la falsedad que pueda haber en nuestra vida). Queremos aparentar una cosa pero realmente en nuestro ser más profundo somos realmente otra cosa muy distinta. Y cuando nuestro estilo de vida lo llenamos con apariencias, lo tremendo es el vacío que a la larga hay dentro de nosotros mismos.De ahí que nuestra vida cristiana no la podamos reducir meramente al cumplimiento de unas normas o preceptos si nuestro corazón, las actitudes interiores que tengamos están bien lejos de esa fe que decimos tener simplemente porque cumplamos unos reglamentos.Muchas veces la gente te pregunta o se pregunta qué cosas tengo que hacer pretendiendo les des unas normas o unos reglamentos. Yo te diría, pregúntate qué es lo que tienes que vivir, o más bien, a quién tienes que vivir. Ser cristiano es una vida, pero que ya no es sólo vivir tu vida, sino que es vivir a Cristo en ti. Aquello que decía san Pablo ‘ya no vivo yo sino que es Cristo quien vive en mí… para mi vivir es Cristo’.Ya no serán, pues, unas normas o preceptos; es simplemente dejarte conducir por Cristo, dejarte llenar de su Espíritu y todo podíamos decir que sale como espontáneo de ese vivir en el Espíritu. Surgirá el amor, la generosidad, la bondad, la solidaridad, la justicia, la verdad y autenticidad de mi vida. En el salmo nos preguntábamos ‘Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?... el que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales…’ el que no hace daño a nadie sino que siempre busca el bien, el que no se comporta con el prójimo con tacañanería o por interés. Es que ya no sólo estamos hospedándonos en la tienda del Señor, sino más bien es Dios quien ha puesto su tienda en nosotros, habita en nosotros. Comenzábamos la reflexión recordando la pregunta con la que los fariseos querían cuestionar a Jesús del si lavarse o no las manos antes de comer y por qué los discípulos no lo hacían como mandaba la tradición. Jesús viene a decirles que la maldad no entra en el corazón del hombre porque tengamos o no las manos manchadas. Sabido es cómo en la reglamentación de los judíos en este sentido – y los fariseos eran unos expertos – tenían catalogada toda una serie de cosas que eran en sí mismas impuras y que no podían ni tocar porque era caer en una impureza legal de la que tenían que purificarse con abluciones rituales.Jesús les dice que la impureza o la maldad no nos viene de fuera, sino que la podemos tener en el corazón y que serán esos malos deseos los que nos harán vomitar maldad desde dentro de nosotros. ‘De dentro del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro’. Limpiemos de maldad el corazón. Eso es lo importante. Más aún, tenemos a quien ha venido para limpiarnos el corazón, para que lo que brote entonces de nosotros sea siempre bueno. Podríamos decir que no sólo nos enseña esa autenticidad, esa bondad, esa justicia en la que tenemos que caminar quienes nos llamamos sus discípulos, sino que El se hace vida nuestra y es nuestra salvación para perdonarnos esa maldad que tantas veces dejamos meter dentro de nosotros, sino también viene a nosotros para transformarnos con su gracia, para llenarnos de su Espíritu que nos hace hombres nuevos.‘Aceptad dócilmente la Palabra de Dios que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y nos os limitéis a escucharla’, nos decía el Apóstol Santiago en su carta. Esa palabra de Dios que es nuestra inteligencia y nuestra sabiduría, como se nos decía en el libro del Deuteronomio. Que seamos, pues, ese pueblo sabio y ese pueblo santo que así acoja la Palabra de Dios, y que así sienta también la presencia de Dios en medio de nosotros. ‘Así viviréis…’ nos decía el autor sagrado en la primera lectura. Así el culto que le demos al Señor no será un culto vacío, porque habremos llenado nuestra vida de amor que es lo que agrada al Señor.

27 ago. 2009

HERMANOS DEL SAGRADO CORAZÓN. PRESENTAN EN CHILE FILMS ACERCA DE LA PAZ. Agosto 2009


Desde Mindanao, Filipinas – Hunghong sa Yuta (El Susurro de la Tierra)

Desde Mindanao, Filipinas – Hunghong sa Yuta (El Susurro de la Tierra)
Una película que nos llama a reflexionar acerca de la necesidad de paz.


Queridas Amigas, Queridos Amigos
Con mucha alegría les invito a ver una película de alta calidad cinematográfica, hecha con un cuidado meticuloso, mucha pasión y excelencia.
Fue producida por los Hermanos del Sagrado Corazón como proyecto para defender y promover la paz, especialmente en la isla de Mindanao, Filipinas.
También promueve la Educación y el rol de la mujer como medios determinantes en el proceso de realizar este sueño universal.


Lugar: Centro de Extensión
Los Almendros
Avda. El Salto Norte 5625, Huechuraba
Día: Viernes 04 de Septiembre
Horas: 20:00 hrs


Con mucha impaciencia te espero.
Tu amigo de siempre,

Hno. Luc Boudreault, sc.

HERMANO DEL SAGRADO CORAZÓN QUE VIVIO EN CHILE MUCHOS AÑOS GRAN AMIGO DE OSCAR ANTONIO GARCÍA CÁRDENAS DE LA COMUNA DE PUTAENDO.

22 ago. 2009

HOMILIA DOMINGO 23 DE AGOSTO 2009


Mis palabras son espíritu y vidaJosué, 24, 1-2.15-18; Sal. 33; Ef. 5, 21-32; Jn. 6, 61-70


El colofón del discurso del pan de vida de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún no fue nada exitoso. Si ya habían ido poniendo pegas por no entendían o les costaba aceptar lo que Jesús les decía, ahora vemos que son muchos los que ya no querrán seguir con Jesús.


‘Desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con El’. Aunque tenemos que reconocer que no todo fue negativo, pues esta situación servirá para que se manifestara la fe de Pedro y los Apóstoles y sus deseos de estar siempre con El.


‘¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida terna: nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo, el consagrado por Dios’. Una profesión de Pedro a Jesús en el evangelio de san Juan en el mismo sentido de lo que los sinópticos nos traen en la confesión de fe en Cesarea de Filipo. ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Decíamos que los judíos de Cafarnaún no entendían o les costaba aceptar. Sigue sucediendo.


Nos cuesta entender. Nos cuesta aceptar las palabras de Jesús. Muchas veces queremos que sean otras, que hubiera dicho otras cosas. También nos pueden parecer duras, difíciles, exigentes… Cuántas veces escuchamos a la gente decir que la Iglesia tiene que cambiar, que tiene que tomar otras posturas o posiciones diferentes en muchas cuestiones que son candentes en la sociedad de hoy. Todo el mundo quiere opinar. Todo el mundo quiere que las cosas sean según su parecer.


Es fácil achacar a posturas inamovibles y ultraconservadoras y a falta de progresismo, como se dice hoy.Habría que ver cuál es el verdadero progreso. Porque si progreso es el eliminar vidas inocentes con el aborto o con la eutanasia, si progreso es contribuir a la destrucción del matrimonio y la familia, la verdad que no entiendo de progreso. ¿Progreso es una cultura de la muerte? ¿Progreso es destrucción de la vida o de la institución de la familia? ¿Progreso es ese permisivismo moral y sexual que se quiere imponer a la sociedad, por emplear unas palabras menos duras? ¿Progreso es querer eliminar a Dios de la vida del hombre, y de la presencia de lo religioso o de los signos cristianos en nuestra sociedad?Me han salido casi de forma espontánea en mis reflexiones estos pensamientos porque además son cuestiones candentes y muy presentes hoy en nuestra sociedad. Pero partiendo igualmente de lo que les costaba entender y aceptar las palabras de Jesús, también podríamos pensar en otras cuestiones que afectan a la comprensión de la fe.


Les costaba a los judíos entender el misterio de la persona de Jesús y en concreto el misterio de la Eucaristía del que les estaba hablando. Muchas dudas en el orden de la fe y de la comprensión del misterio de Dios nos siguen surgiendo hoy a los cristianos, que por otra parte denotan en muchos casos unas profundas carencias en la formación cristiana y el conocimiento de la fe. Ya nos decía el apóstol que necesitamos saber dar razón de nuestra fe y nuestra esperanza. Y es un fallo que se aprecia en muchos cristianos.Jesús nos ha hablado, por ejemplo, de vida eterna y de resurrección y esas son cosas que cuesta entender a muchos y que no todos, incluso diciéndose cristianos, llegan a comprender y aceptar. Y así podríamos pensar en muchas otras cosas. Es necesario una toma de postura clara y valiente desde nuestra fe en Jesús. Y es que no podemos andar a medias tintas. Hay que decantarse, clarificarse. Es lo que de alguna manera Jesús les estaba planteando a los discípulos. ¿Qué es lo que buscamos en Jesús? ¿Simplemente que nos diga palabras bonitas que nos halaguen o no nos molesten? ¡Qué fácil es aceptar los milagros y admirarnos ante ellos, pero cuánto nos cuesta comprender que son signos para nosotros de algo que Cristo nos pide o nos ofrece!Muchas veces, por otra parte, queremos un cristianismo sin exigencias, a lo fácil y cómodo.


Otras sólo creemos en lo que vemos o lo que nos cuadra con nuestros razonamientos preconcebidos. Habrá cosas que nos cueste entender y para eso está el obsequio de nuestra fe. Jesucristo es revelación del Misterio de Dios y del Misterio del amor de Dios para con nosotros. Y a esa revelación que nos hace Jesús hemos de dar respuesta.Realmente tendríamos que decir que no nos cabe en la cabeza tanta locura de amor como Dios manifiesta por nosotros. Pero si así es tan grande su amor, y bien que nos gusta sentirnos amados, aceptemos su Palabra, aceptemos el plan de vida que El tiene para nosotros y sepamos comprender que con lo que nos pide, nos revela o nos plantea, lo que El quiere para nosotros es salvación y es vida. Hoy nos ha dicho: ‘Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo algunos no creen’. Que nosotros seamos capaces de dar la respuesta de Pedro. Jesús les había dicho cuando la gente comenzó a abandonar a Jesús: ‘¿También vosotros queréis marcharos?’ Es la pregunta a los apóstoles y es la pregunta que también nos hace a nosotros hoy. ‘Tú tienes palabras de vida eterna’, fue la respuesta de Pedro.


Nos recuerda lo que se decía en el libro de Josué en la primera lectura. ‘Lejos de nosotros abandonar al Señor… El es nuestro Dios, el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la esclavitud’. Lejos de nosotros abandonar al Señor que tanto nos ama. Nos cuenta, nos llenamos muchas veces de dudas. Ahí tiene que estar el obsequio de nuestra fe. ‘¿A quién vamos a acudir?’ Sabemos y creemos.


Creemos y queremos seguir con Jesús, llenarnos de vida. Es hermoso. El se ha hecho vida y alimento de nuestra vida. Queremos comerle, porque queremos tener vida eterna, porque queremos que El nos resucite el último día, que nos dé vida para siempre.
MATERIAL GENTILEZA DEL PRESBÍTERO PADRE CARMELO HERNÁNDEZ, DESDE TENERIFE ESPAÑA

16 ago. 2009

HOMILIA DOMINGO 16 DE AGOSTO 2009.


Eucaristía, banquete de nueva vida, alimento de vida eternaProv. 9, 1-6; Sal. 33; Ef. 5, 15-20; Jn. 6, 51-59


‘La sabiduría ha construido su casa, plantando siete columnas, ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa… venid a comer mi pan y a beber el vino que he mezclado, dejad la inexperiencia y viviréis…’ Así nos hablaba el libro de los Proverbios.


Un banquete que está preparado y nosotros invitados. Varias parábolas del evangelio nos repiten la invitación para acercarnos a la mesa del Reino de los cielos. Hoy mismo Jesús con palabra clara nos dice que vayamos a El y le comamos, y así tendremos vida para siempre.Creer en Jesús y seguirle.


Creer en El y unirnos a El. Creer en El y vivirle. Creer en El y comerle para que tengamos vida eterna y seamos resucitados con El en el último día. Es el recorrido que hemos ido siguiendo en la medida en que hemos ido escuchado su evangelio. Fe para creer en el que nos llevará a vivir su misma vida.Se hace comida. ‘Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo le daré es mi carne para la vida del mundo…’ No estamos hablando en simples imágenes sino en realidades. No es un simple signo que se queda fuera de lo significado, sino algo que es realidad viva, por eso cuando vamos a comer a Cristo en la Eucaristía no es un simple pan lo que comemos sino que es Cristo mismo. Ante la Eucaristía nos postramos y adoramos porque estamos adorando a Dios. Es verdaderamente el Cuerpo y la Sangre de Jesús; es Cristo mismo que está real y verdaderamente presente. Es, pues, a Cristo a quien comemos.


Cristo que se hace alimento, que se hace comida. Cristo que se nos da y no simbólicamente sino de forma real y verdadera.Comemos para tener vida. La comida que ingerimos se asimila de tal manera por el organismo humano que se hace vida en nosotros, es lo que hace que podamos vivir, es nuestro alimento para vivir.


No podemos luego diferenciar y separar aquello que hemos comido del resto del nuestro organismo, sino que el alimento que comemos es el que nos hace vivir.Así es cuando comemos la Eucaristía, a Cristo en la Eucaristía. Su vida se hace vida nuestra. Y porque El es vida eterna, nosotros comenzamos a tener vida eterna. ‘El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, nos repite Jesús. Yo lo resucitaré en el último día… yo vivo por el Padre, continúa diciéndonos Jesús, del mismo modo el que me come vivir por mí… el que come de este pan vivirá para siempre’. Podría parecer un juego de palabras, o una repetición innecesaria. Pero no es así. Es cierto que Jesús nos lo repite una y otra vez, para que lo comprendamos, para que lo deseemos, para avivar nuestra esperanza y nuestros deseos de Dios y de vida eterna, para que tengamos verdaderamente hambre de Dios.No terminaban de entenderle los judíos. Veremos incluso que muchos van a abandonar el seguimiento de Jesús. ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’, se preguntaban los judíos, como antes habían dicho que cómo puede decir que ha bajado del cielo si nosotros le conocemos, que es el hijo del carpintero de Nazaret, que es el hijo de María y de José. Tenemos que reconocer que eran difíciles las palabras de Jesús. Nosotros mismos por más que digamos que sí lo entendemos, no terminamos de comprender y vivir con toda plenitud el misterio de la Eucaristía. Pensemos en lo que muchos cristianos han convertido la Eucaristía, las motivaciones verdaderas por las que muchos vienen a Misa. Un rito mágico o casi mágico que celebra el sacerdote es para muchos la misa; algo a lo que nosotros nos contentamos con asistir o algo de lo que nos valemos simplemente para pedir por los nuestros o por otras necesidades que tengamos del tipo que sea.Cristo se nos da en la Eucaristía y se hace comida nuestra para que tengamos vida, para vivir El en nosotros y nosotros en El.


‘El que come mi carne y bebe mi sangre… que es verdadera comida y verdadera bebida… habita en mí y yo en El’. Si comemos a Dios, Dios habita en nosotros. Es su Cuerpo entregado. Es su Sangre derramada. Es banquete porque es comida en que El mismo se nos da para que le comamos; pero también es la señal, el signo del gran sacrificio, de su entrega hasta el final por nosotros. Por eso la Eucaristía es la gran celebración de la Pascua de Cristo para el cristiano. Por eso en la Eucaristía tenemos que morir para vivir. Con Cristo también nosotros nos inmolamos para dejar atrás nuestras muertes, para comenzar a vivir una vida nueva, distinta. La Eucaristía es señal de Pascua, es señal de resurrección. Nos lo ha dicho Jesús, que El nos resucitará para que tengamos su misma vida para siempre.


Por eso de la Eucaristía tenemos que salir siempre transformados. Después de cada Eucaristía en que comamos a Cristo tenemos que salir renovados, nuevos, con nuevas actitudes, con nuevos compromisos, con nuevos deseos de bien, en una palabra, con vida nueva.¡Qué misterio de amor más grande que Cristo se nos dé así en la Eucaristía! ¡Cómo tenemos que darle gracias por esa posibilidad que El nos da de vivir su misma vida!¡Con cuánta fe y con cuánto amor tenemos que venir siempre a la Eucaristía, pero nunca como meros asistentes ni espectadores, sino implicándonos siempre y dejándonos transformar por esa vida nueva que Cristo nos da!
MATERIAL ENVIADO DESDE TENERIFE ESPAÑA POR EL PADRE PRESBÍTERO CARMELO HERNANDEZ

HOMILIA ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS. AGOSTO 2009



UN MATERIAL DE REFLEXIÓN ENVIADO DESDE TENERIFE ESPAÑA POR EL PRESBÍTERO PADRE CARMELO HERNÁNDEZ.


En la Asunción de María vislumbramos la gloria que un día podemos alcanzarApc. 11, 19; 12, 1.3-6.10; Sal. 44; 1Cor. 13, 20-27; Lc. 1, 39-56


Todas las fiestas de María nos llenan de alegría porque son la fiesta de la madre. Cómo no se van a gozar los hijos en la fiesta de la madre. Pero, si queremos, esta fiesta de la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma al cielo nos llena de mayor alegría y nos hace rebrotar la esperanza en nuestro corazón. Nos lo señalan a cada paso cada uno de los textos de la liturgia de esta fiesta. ‘María ha sido llevado al cielo; se alegra el ejército de los ángeles’, decía una antífona de la liturgia de este día. Se alegran los ángeles, se alegra la Iglesia, nos alegramos todos sus hijos, se gozan todos los pueblos, porque, como ella misma diría, ‘me felicitarán todas las generaciones…’ Y es que hoy estamos celebrando la glorificación de María. Llevada en cuerpo y alma al cielo como una primicia después de Cristo para que contemple y viva ya por toda la eternidad la gloria del Señor en la visión de Dios. Es ‘la mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas’, de la que nos habla la Apocalipsis para referirse a la Iglesia, nueva Jerusalén, pero en la que nosotros contemplamos también a María. El camino de María es nuestro camino y es el camino de la Iglesia, porque seguimos sus pasos.


Y la gloria de María es la imagen de la gloria de la Iglesia, la imagen y el espejo de la gloria que un día también recibiremos en la visión de Dios por toda la eternidad.Maria fue la primera que recibió los frutos de la redención de Cristo. En virtud de los méritos de su Hijo fue preservada de toda mancha de pecado para vivir para siempre llena de gracia, como la llena de la vida de Dios. ‘El Señor está contigo… llena eres de gracia…’ le dijo el ángel en la anunciación. La contemplamos Inmaculada, purísima, desde el primer instante de su concepción. Preservada del pecado original porque iba a ser la madre de Dios, justo era que ella fuera también la primera criatura en ser llevada al cielo para gozar de la visión de Dios, a gozar de la Pascua eterna del cielo.Contemplar ese camino de la gloria de María es para nosotros aliciente, ejemplo y estímulo en nuestro peregrinar. En medio de tantas oscuridades que nos rodean en la vida necesitamos un faro de luz que nos ilumine y nos señale el camino seguro hacia el puerto de nuestra salvación. En nuestra lucha contra el pecado y el mal necesitamos saber que la victoria es posible, que podemos alcanzarla y que un día todo será para nosotros luz, dicha y salvación eterna.


Merecen la pena las luchas, los trabajos, los esfuerzos porque tenemos asegurada la victoria. Nos lo está diciendo esta fiesta de María en su Asunción, en su glorificación.Tenemos que caminar hacia la montaña como María, tal como nos lo señala hoy el evangelio. ‘María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá… a casa de Isabel’. Ponernos en camino a la montaña será ir al encuentro con el otro como lo hizo María, que fue al encuentro de su prima Isabel en esa actitud profunda de servicio de quien ‘se quedó con Isabel unos tres meses’, como nos dice el evangelio, antes de volverse de nuevo a su casa.Ponernos en camino a la montaña será la actitud de servicio o será nuestra honda y profunda que empapa y envuelve toda nuestra vida, para nunca dudar, para siempre creer, esperar y amar; una fe que nos levanta y nos pone en camino; una fe que nos levanta y nos pone en camino, que nos hace ponernos en pie ante Dios para decir Sí como María; nos levanta y nos pone en camino porque nos hace abrirnos a Dios, para dejar que Dios actúe en nosotros, para que Dios venga y haga maravillas en nosotros, como lo hizo con María. ‘El Poderoso ha hecho obras grandes en mí, su nombre es Santo’, reconocería y proclamaría María. Ponernos en camino a la montaña es saber mirar con mirada nueva todo cuanto es nuestra vida y la vida de los que nos rodean; es el sentido nuevo de nuestra vida que descubrimos desde nuestra fe; es el sentido nuevo de los hombres y mujeres que están a mi lado que ya serán para mí para siempre unos hermanos.


Ponernos en camino a la montaña nos levanta y nos compromete, nos hace mirar hacia arriba, nos hace poner altos ideales y sublimes metas en nuestra vida, para que no nos quedemos a ras de tierra. Es la fe que nos hace trascender en nuestra vida. Iremos más allá porque pensamos en la vida eterna que podremos vivir en Dios; vida de dicha, de gloria, de felicidad como ya estamos contemplando en María. Alegrémonos, gocémonos con María y cantemos con toda la Iglesia la gloria de María. Porque contemplar a María nos hace mirar hacia arriba, aspirar al cielo, nos llena de ansias de eternidad. En el día de la Ascensión del Señor, cuando se aparecieron los ángeles a los discípulos que miraban embelesados cómo Jesús subía al cielo, les dijeron ‘¿Qué hacéis ahí parados mirando al cielo?’; también nosotros ahora en la fiesta de la Asunción de María nos quedamos entusiasmados mirando al cielo. Queremos subir con María; queremos ir tras María, porque sabemos que ella es la primera, la primicia, que participa ya de una gloria a la que nosotros también estamos llamados y que esperamos un día alcanzar.Hemos pedido hoy en la oración que ‘aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar como ella de su misma gloria en el cielo’. Y pediremos también que ‘nuestros corazones, abrasados en el amor de Dios, vivan siempre orientados hacia Dios’.


Es que María nos enseña a que nuestra vida esté siempre centrada en Dios. Ella no es la luz, es la madre de la Luz, es el faro que nos orienta y no nos perdamos, para que vayamos a donde está la Luz verdadera. Hoy la celebramos también en nuestra tierra canaria como la Candelaria, la portadora de la luz, porque es la portadora de Cristo a quien lleva en sus brazos, a quien nos está señalando y diciendo que El es la luz verdadera. Por María vayamos hasta Jesús

25 jul. 2009

HOMILIA DEL DOMINGO 26 de Julio 2009. Material del Presbítero Carmelo Hernández España


Nuestros cinco panes de cebada 2Rey. 4, 42-44; Sal. 144; Ef. 4, 1-6; Jn. 6, 1-15


Comienza el evangelio diciéndonos que ‘seguía mucha gente a Jesús, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos’. Concluirá diciéndonos que ‘las gentes la gente el signo que había hecho decía: Este es el Profeta que había de venir’.


Y querían hacerlo rey. Jesús realiza un gran signo. Un signo que va a tener resonancias pascuales. Los mismos gestos que Jesús realiza, ‘tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió’, los va a repetir en la Última Cena y serán los que nosotros repitamos cada vez que celebremos el Memorial de su Pascua. Por eso el evangelista apunta, ‘estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos’.


Era un anticipo de la pascua definitiva y eterna que nosotros celebramos para siempre cada vez que celebramos la Eucaristía.Jesús había subido a la montaña y allí se había sentado con los discípulos. Al levantar los ojos y ver la multitud que se acercaba dice a Felipe: ‘¿Con qué compraremos panes para tanta gente, para que coman estos?’ Esta vez el evangelista no nos dice que Jesús se pusiera a enseñarles, como tantas veces nos lo repite el evangelio en ocasiones así que mucha gente se reúne a su alrededor.


La lección de Jesús hoy es su actuar; su misericordia y compasión que le mueve a actuar ante una necesidad que está ante El y que nos impulsa a actuar a nosotros. El sabía lo que había que hacer, pero implica a los discípulos, implica a la gente que está ante El con su necesidad. Es la pregunta a Felipe y es el actuar de Andrés que averigua qué es lo que hay y donde puede haber soluciones. ‘Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es eso para tantos?’ Ya Felipe había dicho ‘doscientos denarios de pan no bastan para comprar para que a cada uno le toque un pedazo…


¿y dónde lo vamos a comprar en descampado?’ Pero también se ha implicado a aquel muchacho que pone a disposición los cinco panes de cebada y los dos peces. Es el pan de los pobres; panes de cebada, no de harina de trigo. Como la ofrenda de los pobres eran aquellos veinte panes de cebada del milagro de Eliseo, en la primera lectura. ‘Vino un hombre de Bal-Salisá trayendo en la alforja el pan de las primicias –veinte panes de cebada – y grano reciente para el siervo del Señor’. El pan de los pobres que se parte y se reparte; el pan de los pobres que cuando se comparte dará para tanto que al final hasta sobrará. ‘Esto dice el Señor. Comerás y sobrará… comieron y sobró como había dicho el Señor’, según nos dice el libro de los Reyes. ‘Recoged los pedazos que han sobrado, que nada se desperdicie. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido’, nos señala detalladamente el evangelista.Es grande la lección. El pan de los pobres compartido da para mucho.


Esto nos tendría que hacer reflexionar mucho. Cuando rebosamos de amor cómo puede cambiar la visión de las cosas; cómo los problemas no son tan grandes problemas , porque la solidaridad de los que ponemos o somos capaces de poner los cinco panes de cebada de nuestra pobreza, grandes soluciones se pueden encontrar. ¡Qué distinto sería nuestro mundo si todos entráramos en ese camino de solidaridad! ¡Qué dados al derroche en los tiempos de las vacas gordas del bienestar y qué poquito somos capaces de pensar en los demás!Ya al principio del comentario dejamos entrever la relación de este signo de Jesús con la Pascua y con la Eucaristía. En los próximos domingos vamos a escuchar lo que llamamos el discurso del ‘pan de vida’, que nos anuncia la Eucaristía. Pero también lo que hoy hemos escuchado nos está dando pautas del compromiso que para el cristiano significa celebrar la Eucaristía.El pan multiplicado, ya fuera en el milagro de Eliseo, ya por Jesús en el Evangelio, es el pan de las ofrendas. Ofrenda de los pobres, como dijimos, fueron los 20 panes de cebada de lo que nos habla la primera lectura. Ofrenda de los pobres fueron los cinco panes de cebada y los dos peces del muchacho del evangelio.


Es la ofrenda que tenemos que saber hacer nosotros en la Eucaristía. Porque no venimos como espectadores de lo que hace Jesús, sino que El quiere contar con nosotros como contó con Felipe y Andrés, y como contó con el joven que ofreció los cinco panes de su pobreza. El quiere también implicarnos a nosotros. De ninguna manera la actitud del cristiano puede ser la actitud pasiva.Tenemos que hacer nuestra ofrenda, poner nuestros panes de cebada si en nuestra pobreza eso es lo que tenemos. ¡Cuánto se puede hacer con poquita cosa! No olvidemos que el Señor sabe multiplicarlo. Y no es que nos contemos con poca cosa por tacañanería, porque hemos de ser generosos para poner lo que somos, lo que es nuestra vida, lo que tenemos. Es lo que hacemos en cada Eucaristía cuando llega el momento de las ofrendas. No es que simplemente de forma ritual traigamos el pan y el vino de la Eucaristía, sino que ese momento tiene que tener su hondura, su profundidad, la hondura y la profundidad que nosotros queramos darle con toda nuestra vida.Y es que la Eucaristía nos compromete. De la ofrenda de la Eucaristía tenemos que salir con un compromiso en el compartir generoso. Por eso ritualmente es el momento es que se recoge aquello con lo que económicamente queramos contribuir para los pobres o para las necesidades de la Iglesia. Pero es mucho más que una moneda lo que tenemos que poner en ese momento de la Eucaristía. Es nuestra vida, la generosidad de nuestro corazón, nuestro compromiso de amor. Es la ofrenda de nuestro trabajo en todos los sentidos. Es la ofrenda de aquello que hacemos y vivimos dentro de la Iglesia y de la comunidad. Es la ofrenda de nuestro compromiso a nivel social o político con nuestro mundo.No se puso Jesús a enseñar a la gente, como decíamos antes, cuando subió a la montaña, pero sus gestos, sus actitud, su generosidad, su corazón compasivo nos está invitando a muchas cosas.


10 jul. 2009

HOMILIA DOMINGO 12 de Julio 2009


Un Aporte Simbólico de Nuestro Amigo de España, Padre Carmelo Hernández.
Ve y profetiza a mi pueblo con las señales del amor que son las señales del Reino Amós, 7, 12-15; Sal. 84; Ef. 1, 3-14; Mc. 6, 7-13


‘El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel’. No era un profeta de lo que podríamos llamar de dedicación exclusiva. Era un pastor y un agricultor, ‘cultivador de higos’. El Señor le llama y le envía. Y El disponible para el Señor obedece y es fiel a la misión que se le ha confiado.Por su parte en el Evangelio Jesús llama a los doce y los envía ‘de dos en dos’. No eran letrados ni maestros en Israel, no eran sacerdotes ni levitas, unos eran pescadores, otro un recaudador de impuestos, otros unas buenas gentes de Galilea, jóvenes inquietos que habían seguido con esperanza en el corazón al profeta de Nazaret que había surgido porque querían ver cumplidas sus esperanzas en el Mesías que había de venir. Un día Jesús había pasado junto al lago mientras remendaban y repasaban las redes y la barca después de la pesca y los había invitado a seguirle para hacerlos pescadores de hombres; otro día había pasado junto a la garita del recaudador de impuestos y le había invitado a seguirle; otros se habían encontrado con Jesús en su búsqueda de algo nuevo y se habían ido con El. Ahora los llama por su nombre, los constituye apóstoles y los envía con autoridad sobre los espíritu inmundos a predicar la conversión y el perdón de los pecados, a anunciar que el Reino de Dios está cerca, y a curar enfermos y echar demonios.¿Había sido lo que ellos aspiraban y soñaban? Inquietud había en sus corazones cuando se habían ido con Jesús. Eran jóvenes y sentían el deseo de algo nuevo y grande, algo que les había cambiar no sólo sus propias vidas sino que se sentían con fuerza para cambiar también muchas cosas. Jesús les había salido al paso y se los llevó con El; se dejaron cautivar por Jesús; surgía tanta esperanza en el corazón cuando escuchaban sus palabras. No se podían quedar amodorrados en lo que había sido su vida de siempre y no temían ponerse en camino. Tenemos que reconocer que eran audaces y valientes para emprender algo nuevo. Poco a poco la fe y el amor había ido creciendo en sus corazones por Jesús y ahora se veían embarcados en la tarea de anunciar y construir el Reino de Dios.¿Qué soñamos y aspiramos nosotros? Seguro que tenemos el corazón lleno de buenos deseos. ¿Habrá ido creciendo también nuestra fe y nuestro amor por Jesús? El hecho de que cada semana al menos fielmente vengamos a estar con El en la Eucaristía puede ser un buen síntoma. También queremos seguir a Jesús y nos llamamos cristianos, o sea, sus discípulos, o lo que es lo mismo los que queremos seguir el paso del camino de Jesús. Con nuestras dudas, con nuestros miedos, con nuestras inquietudes, con nuestras debilidades, con nuestras luchas, con nuestros buenos deseos… ¿Seremos audaces como aquellos primeros discípulos para ponernos nosotros también en camino?Queremos cada día crecer más y más en nuestra fe y en nuestro amor. Nos dejamos iluminar por su Palabra y nos queremos dejar caldear por el fuego de su Espíritu de amor. Pero todo eso no es para nosotros solos, para que nos enriquezcamos nosotros solos con su gracia. ¿Sentiremos también la llamada que nos impulsa hacia delante para ir al encuentro con los demás con la Buena Noticia de lo que vivimos? Tenemos que ser apóstoles también, enviados de Jesús.Cristo también a nosotros nos envía y nos confía una misión, su mismo misión. El anuncio del Reino, la construcción del Reino de Dios día a día en nuestro mundo es nuestra tarea también. Un anuncio que tenemos que manifestar con nuestra vida. Nuestro actuar tiene que manifestar también las señales del Reino. Como los apóstoles que llevaban el mensaje de la paz, que curaban a los enfermos o echaban demonios. Si nos hemos enriquecido con toda clase de bendiciones y de gracia en Cristo Jesús, como nos dice san Pablo en la carta a los Efesios, si hemos sido elegidos para ser consagrados, ser santos, para ser irreprochables en el amor, todo eso no lo podemos encerrar en nosotros mismos; si así se ha derrochado su amor en nosotros, ahora tenemos que llevarlo a los demás, tenemos que hacer partícipes a nuestro mundo de esa Sabiduría de Dios, de esa gracia; tenemos que decirle a los demás, también vosotros estáis salvados – ‘esa extraordinaria noticia de que habéis sido salvados’, como nos dice san Pablo -, también para vosotros es la salvación, el tesoro de la gloria de Dios.Finalmente un detalle. En el envío que hace Jesús de los Doce, como hemos escuchado en el evangelio, vemos que Jesús les pide que lleven pocas cosas, ‘para el camino un bastón… unas sandalias, y nada más… ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja, ni una túnica de repuesto…’ ¿Qué querrán significar esas recomendaciones de Jesús?El solamente nos pide disponibilidad para ir con corazón generoso a los demás; que no llevemos las ataduras de pesados bagajes o alforjas que nos impidan esa libertad de movimiento nacida del amor. No vamos a hacer ostentación de nosotros mismos ni de lo que nosotros valemos o podemos, sino que es el anuncio de Jesús y de su Reino lo que tenemos que trasmitir. Es a Jesús a quien anunciamos y en quien tienen que fijarse y a quien tienen que escuchar. ‘Ve y profetiza a mi pueblo…’ nos dice el Señor como al profeta. Las únicas señales que tenemos que dar son las del amor. ‘Curar enfermos, echar demonios, llevar el saludo de la paz’, como los apóstoles. Seremos profetas y cumpliremos la misión confiada si damos esas señales del amor. Esos signos de amor que tendrán que traducirse en tantas cosas buenas que podemos hacer por los otros en nuestro compartir generoso, en la misericordia de nuestro corazón, en la acogida sincera y auténtica de todo hombre como hermano, en la paz que trasmitimos desde la sinceridad de nuestro corazón, en tantas y tantos obras de misericordia que tenemos oportunidad de realizar cada día.

8 jul. 2009

DIEZ CONSEJOS DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI - PARA LOS JÓVENES. 08 Julio 2009



10 CONSEJOS DEL PAPA BENEDICTO XVI A LA GENTE JOVEN.


1) Dialogar con Dios "Alguno de vosotros podría tal vez identificarse con la descripción que Edith Stein hizo de su propia adolescencia, ella, que vivió después en el Carmelo de Colonia: "Había perdido consciente y deliberadamente la costumbre de rezar". Durante estos días podréis recobrar la experienciavibrante de la oración como diálogo con Dios, del que sabemos que nos ama y al que, a la vez, queremos amar".


2) Contarle las penas y alegrías "Abrid vuestro corazón a Dios. Dejaos sorprender por Cristo. Dadle el "derecho a hablaros" durante estos días. Abrid las puertas de vuestralibertad a su amor misericordioso. Presentad vuestras alegrías y vuestraspenas a Cristo, dejando que él ilumine con su luz vuestra mente y toque con su gracia vuestro corazón.


3) No desconfiar de Cristo "Queridos jóvenes, la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret,oculto en "la Eucaristía. Sólo" En la Eucaristía, él da plenitud de vida ala humanidad. Decid, con María, vuestro "sí" al Dios que quiere entregarse a vosotros. Os repito hoy lo que dije al principio de mi pontificado: `Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. No! Sólo con esta amistad se abren de par en par las puertas de la vida. Con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera'. Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo".


4) Estar alegres: querer ser santos "Más allá de las vocaciones de especial consagración, está la vocaciónpropia de todo bautizado: también es esta una vocación a aquel `alto grado' de la vida cristiana ordinaria que se expresa en la santidad. Cuando seencuentra a Jesús y se acoge su Evangelio, la vida cambia y uno es empujado a comunicar a los demás la propia experiencia (...). La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos puedenrenovar la humanidad. Invito a que os esforcéis estos días por servir sin reservas a Cristo, cueste lo que cueste. El encuentro con Jesucristo os permitirá gustar interiormente la alegría de su presencia viva y vivificante, para testimoniarla después en vuestro entorno".


5) Dios: tema de conversación con los amigos "Son tantos nuestros compañeros que todavía no conocen el amor de Dios, obuscan llenarse el corazón con sucedáneos insignificantes. Por lo tanto, es urgente ser testigos del amor contemplado en Cristo. Queridos jóvenes, laIglesia necesita auténticos testigos para la nueva evangelización: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jesús; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás".


6) El domingo, ir a Misa No os dejéis disuadir de participar en la Eucaristía dominical y ayudad también a los demás a descubrirla. Ciertamente, para que de esa manera la alegría que necesitamos, debemos aprender a comprenderla cada vez másprofundamente, debemos aprender a amarla. Comprometámonos a ello, ¡vale la pena! Descubramos la íntima riqueza de la liturgia de la Iglesia y suverdadera grandeza: no somos nosotros los que hacemos fiesta para nosotros, sino que es, en cambio, el mismo Dios viviente el que prepara una fiesta para nosotros. Con el amor a la Eucaristía redescubriréis también el sacramento de la Reconciliación, en el cual la bondad misericordiosa de Dios permite siempre iniciar de nuevo nuestra vida.


7) Demostrar que Dios no es triste Quien ha descubierto a Cristo debe llevar a otros hacia él. Una gran alegría no se puede guardar para uno mismo. Es necesario transmitirla. Ennumerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marche igualmente sin él. Pero al mismo tiempo existe también unsentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así! Verdaderamente no.


8) Conocer la fe Ayudad a los hombres a descubrir la verdadera estrella que nos indica el camino: Jesucristo. Tratemos nosotros mismos de conocerlo cada vez mejor para poder guiar también, de modo convincente, a los demás hacia él. Por esto es tan importante el amor "la sagrada Escritura" y en consecuencia, conocer la fe de la Iglesia que nos muestra el sentido de la Escritura.



9) Ayudar: ser útilSi pensamos y vivimos en virtud de la comunión con Cristo, entonces se nos abren los ojos. Entonces no nos adaptaremos más a seguir viviendo preocupados solamente por nosotros mismos, sino que veremos dónde y cómo somos necesarios. Viviendo y actuando así nos daremos cuenta bien pronto que es mucho más bello ser útiles y estar a disposición de los demás quepreocuparse sólo de las comodidades que se nos ofrecen. Yo sé que vosotros como jóvenes aspiráis a cosas grandes, que queréis comprometeros por un mundo mejor. Demostrádselo a los hombres, demostrádselo al mundo, que espera exactamente este testimonio de los discípulos de Jesucristo y que, sobre todo mediante vuestro amor, podrá descubrir la estrella que como creyentes seguimos.


10) Leer la Biblia El secreto para tener un "corazón que entienda" es formarse un corazóncapaz de escuchar. Esto se consigue meditando sin cesar la palabra de Dios y permaneciendo enraizados en ella, mediante el esfuerzo de conocerla siempre mejor. Queridos jóvenes, os exhorto a adquirir intimidad con la Biblia, a tenerla a mano, para que sea para vosotros como una brújula que indica el camino a seguir. Leyéndola, aprenderéis a conocer a Cristo. San Jerónimo observa al respecto : "El desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo"


En resumen...


Construir la vida sobre Cristo, acogiendo con alegría la palabra y poniendo en práctica la doctrina: ¡he aquí, jóvenes del tercer milenio, cuál debe ser vuestro programa! Es urgente que surja una nueva generación de apóstoles enraizados en la palabra de Cristo, capaces de responder a los desafíos de nuestro tiempo y dispuestos a para difundir el Evangelio por todas partes. ¡Esto es lo que os pide el Señor, a esto os invita laIglesia, esto es lo que el mundo - aun sin saberlo - espera de vosotros! Y si Jesús os llama, no tengáis miedo de responderle con generosidad, especialmente cuando os propone de seguirlo en la vida consagrada o en la vida sacerdotal. No tengáis miedo; fiaos de Él y no quedaréis decepcionados.

4 jul. 2009


Nuestra respuesta al regalo de salvación de la Palabra de DiosEz. 2,2-5; Sal. 122; 2Cor. 12, 7-10; Mc. 6, 1-6
Material Gentileza del Presbítero Padre Carmelo Hernández, desde Tenerife España


La profecía de Ezequiel que hoy hemos escuchado nos recuerda a Isaías en el texto que Jesús leyó en su visita a la sinagoga de Nazaret, como se nos cuenta en el evangelio de Lucas. ‘El Espíritu entró en mí, me puso en pie y oí que me decía… yo te envío a los israelitas…’Jesús está lleno del Espíritu del Señor que le ha ungido y ha enviado a anunciar la Buena Noticia de Salvación… proclamar la amnistía, el perdón, la gracia salvadora de Dios.La Palabra que se nos proclama espera respuesta por nuestra parte. La salvación es un regalo de gracia del Señor pero que tenemos que acoger y aceptar. Dios no nos obliga ni a la salvación. Nos ofrece su regalo de salvación. Pero podemos cerrar las puertas de la vida a la gracia salvadora del Señor.Sucedió entonces y sigue sucediendo. Jesús en el evangelio nos lo muestra de diferentes maneras. Algunas veces con parábolas como la del trigo caído en tierras diferentes con la disparidad de sus frutos. Otras, como hoy, nos habla de la actitud y hasta rechazo de sus gentes en Nazaret.Todas las preguntas que se hacen las gentes de Nazaret eran como poner ‘peros’ o pegas a la acción de Jesús. ¿Quién es éste? ¿Cómo sabe tanto? ¿Y esos milagros que sabemos que ha hecho en Cafarnaún y en otros lugares?‘No rechazan a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa’, diría Jesús. ‘No pudo hacer allí ningún milagro… y se extrañó de su falta de fe’. ‘Ellos, te hagan caso o no te hagan caso (pues son un pueblo rebelde), sabrán que hubo un profeta en medio de ellos’, que decía la profecía de Ezequiel. Hablábamos de la respuesta a la Palabra salvadora de Jesús, de la respuesta negativa de las gentes de Nazaret, pero ¿cuál es nuestra respuesta? Ya sabemos que cuando escuchamos y comentamos la Palabra de Dios no nos quedamos en hacer juicio de la respuesta que otros dieron a Jesús. La Palabra es una palabra viva que el Señor nos dirige, que el Señor dirige a cada uno de los presentes. Por eso siempre tenemos que mirarnos en el espejo de esa Palabra dicha y escuchada para ver nuestra respuesta.Si miramos el conjunto de nuestra sociedad y del amplio campo de nuestro mundo ya sabemos y somos conscientes de la respuesta. No vamos a contentarnos en nuestra reflexión con lamentaciones sobre la increencia de la gente, la indiferencia religiosa en la que se está cayendo o la pérdida de valores que se sustituyen por ese materialismo de la vida, ese hedonismo o apetencia de vida fácil y placentera que estamos viendo como algo predominante en nuestra sociedad entre otras cosas.Yo querría pensar en la respuesta que damos los que estamos más dentro de la Iglesia, de los que venimos a Misa cada semana o cada día y escuchamos la Palabra, en nosotros mismos que estamos aquí reunidos y me pongo yo el primero en este análisis o examen.No nos extraña que los ajenos a la religión o al espíritu o sentido cristiano no terminen de entender el mensaje de Jesús, digan no sé cuantas cosas de la Iglesia y hagan sus propias interpretaciones, por ejemplo, del magisterio de la Iglesia, lo que nos enseña el papa o nuestros obispos. Cogerán, como se suele decir, el rábano por las hojas, tomarán una frase fuera de contexto según sus visiones e intereses y harán sus interpretaciones, sus juicios, como sucede tantas veces con el magisterio del Papa. Casos recientes tenemos muchos. Pero, ¿no estaremos cayendo en esas redes los que nos sentimos más cercanos de la Iglesia, los que estamos dentro de ella? Muchas veces nos dejamos arrastrar por esos comentarios y los aceptamos sin más, sin buscar la manera de conocer mejor lo que realmente nos ha dicho la iglesia o el Papa. Otras veces también queremos hacer nuestras rebajas en principios fundamentales de nuestra fe o de nuestra moral cristiana basada en el evangelio. O nos vamos con éste o con aquel porque nos cae más simpático, o porque con su palabrería halaga mis oídos, mis intereses o mis pasiones diluyendo el espíritu del evangelio. Son peligros y tentaciones que todos tenemos.Los convecinos de Jesús en Nazaret sacaban a relucir que si era el carpintero, o si era el hijo de María, o que por allí andaban sus parientes. Pero ¿estaban abiertos a la Palabra de Dios que Jesús proclamaba y al anuncio del Reino? Ya el mismo evangelista nos comenta que Jesús se extrañaba de su falta de fe. O sea, que lo importante cuando estaban escuchando a Jesús no era la Palabra de Dios que Jesús les trasmitía y que era Jesús mismo, sino que estaban pendientes de otras cosas más accidentales.¡Cuántas cosas y comentarios tenemos que escuchar quienes tenemos que anunciar y proclamar la Palabra de Dios! Que si no nos entienden, que si tenemos que adaptarnos más, que si se tiene que hablar de ésta o de no sé qué forma… Y este sacerdote me cae más en gracia y que sermones más ‘bonitos’ dice no se quién, que el otro es un aburrido, que si es de esta tendencia o de no sé qué movimiento y esos sí que lo aplaudirán…Pero me pregunto, ¿con qué espíritu de fe vamos a escuchar la Palabra de Dios? ¿Venimos realmente a escuchar lo que el Señor tiene que decirnos hoy y aquí allá en lo hondo de mi corazón y que el Señor se servirá de aquella celebración o de aquel sacerdote con todas sus limitaciones?Que no nos cerremos a la Palabra de Dios detrás de nuestros prejuicios o buscando salvar nuestros deseos o intereses. Que haya una apertura de verdad de nuestro corazón a la gracia de Dios que llega a nosotros. Que no seamos ese pueblo testarudo y rebelde del que nos habla hoy la profecía. Y si nos damos cuenta ahora al ir oyendo su Palabra – o leyendo este comentario los que me siguen a través de la red - en nuestro corazón de esa testarudez y cerrazón, demos respuesta cambiando nuestra actitud. Aunque nos cueste y nos escueza la Palabra que el Señor hoy nos dirige, dejémonos sanar por ella. Si nos escuece es que hay una herida abierta que tenemos que sanar; y la Palabra sana y salva; y la Palabra tiene que ser ese bálsamo, esa medicina que nos cure y nos llene de salud, salvación y vida.

12 jun. 2009

HOMILIA DEL DOMINGO 14 DE JUNIO 2009. FIESTA DEL CUERPO DE CRISTO.


El sacramento de nuestra fe y nuestro amorEx. 24, 3-8;Sal. 115;Hebreos, 9, 11-15;Mc. 14, 12-16.22-26


‘Este es el sacramento de nuestra fe… este es el Misterio de la fe…’


aclamamos en el centro de la plegaria eucarística. Es lo que hoy repetimos y queremos hacerlo con toda la intensidad de nuestra vida y de nuestra fe.Hoy es la fiesta de la Eucaristía.


Una fiestea especial que nació sobre el siglo XIII como una necesidad de proclamar la fe en el Sacramento de la Eucaristía. Errores teológicos o herejías, negación del misterio eucarístico y pérdida de fe en la Eucaristía y pérdida de fe en general del pueblo de Dios hicieron necesaria entonces esta fiesta como creo que es necesaria también hoy.


Tenemos que celebrar - y hacerlo públicamente y con toda solemnidad - esta fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en su presencia real y verdadera en el Sacramento de la Eucaristía; pero tenemos que cuidar al mismo tiempo que no nos quedemos en lo externo y en lo menos principal y no proclamemos de verdad ante el mundo lo que es la Eucaristía.Sacramento de nuestra fe… Fe que necesitamos proclamar en este sacramento admirable.


¿Por qué admirable? Lo decimos así en la oración litúrgica. Grande es el Misterio que en él se realiza. Y ante el Misterio, la fe. Un poco de pan y vino que son para nosotros Cristo mismo, su Cuerpo verdadero, su Sangre verdadera, su Cuerpo entregado, su Sangre derramada. ‘Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros…


Esta es mi Sangre, la Sangre derramada, la Sangre de la Alianza nueva y eterna…’ Así lo hemos escuchado en el evangelio hoy. Así tenemos que proclamar nuestra fe.Este es el Sacramento de nuestro fe… Es Cristo mismo que se hace comida y que se hace bebida. Para que tengamos vida, y vida para siempre.


‘Mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida… quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en Mí y yo en él… tendrá vida para siempre…’


Como decimos en una antífona de esta fiesta, ‘Sagrado banquete en que Cristo se nos da en comida’ .Este es el Sacramento de nuestra fe… Cristo que se ha entregado, que ha derramado su Sangre, que es la Sangre de la Alianza nueva y eterna, se nos ofrece para que comamos de este Sacrificio. Sacrificio de redención y sacrificio de comunión.


Por ese sacramento admirable en que se celebra el memorial de la pasión. ‘Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz…’ cada vez que comemos del Cuerpo del Señor y bebemos su sangre, estamos anunciando ‘la muerte del Señor hasta que vuelva’. ‘Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección…’ que aclamamos en la plegaria eucarística. ‘Se celebra el memorial de su pasión’ que decimos en la oración y en una antífona del día. Pero es también, como hemos dicho, Sacrificio y Sacramento de comunión.


Comunión porque comemos a Cristo, presente sacramentalmente en el pan y vino de la Eucaristía que es para nosotros el Cuerpo y la Sangre del Señor. Pero es Sacramento y Sacrificio de comunión porque al comulgar a Cristo, comulgamos también al hermano, porque al entrar en comunión con los hermanos entraremos verdaderamente en comunión con Cristo. Y tiene que darse esta comunión con los hermanos para que haya comunión verdadera con Cristo.


Hoy es el día de la fe pero necesariamente tiene que ser día del amor. Y es que no sólo estamos contemplando y celebrando el amor de Cristo que así se nos da, sino porque necesariamente tenemos que estar comprometidos en el amor, celebrando ese amor de comunión verdadera que queremos tener con los demás, y porque estamos alimentando y fortaleciendo ese amor para que sea verdadero y para que sea duradero.


Y es que si no hay ese amor no puede haber Eucaristía verdadera.Hoy es la fiesta del amor, de la caridad, que es el amor sublime según el estilo de Cristo. Y esto tenemos que expresarlo de forma viva en nuestra vida. Se nos pide hoy mirar a la cara, a los ojos, al hermano, el hombre o mujer que está a tu lado cada día o con el que te cruzas en cualquier momento en el camino de la vida.


Mirarlo a la cara, mirarlo a los ojos para decirle con toda sinceridad – no con palabras bonitas, sino con hechos concretos – que le amas porque también él es tu hermano. Si le miras a la cara se lo tienes que decir con sinceridad. Si le miras a los ojos no podrán ser sólo bonitas palabras sino algo más.Y ese hermano puede estar solo, sufriendo en su soledad; o ese hermano está tendiendo su mano para pedirte un poco de pan, pan material que llene su estómago hambriento, o el pan de tu sonrisa, de tu cariño, de tu tiempo, de tu palabra de ánimo o consuelo… muchas clases de pan puede estar necesitando en este mundo, que decimos ahora, de crisis económica, pero también de crisis de valores verdaderos; cuántas crisis por la carencia de tantas otras cosas que pueden necesitar para recobrar su dignidad de tantas maneras escachada.


Seamos realistas con lo que sucede en nuestro mundo y nosotros podemos estar haciendo también.Mírale a los ojos a tu hermano con sinceridad y sabrás el pan que él puede necesitar de ti. Y mira luego si puedes venir a comulgar el Cuerpo de Cristo o celebrar esta fiesta de la Eucaristía mientras no brindes el pan de tu amor al hermano que está a tu lado.Un último aspecto de la Eucaristía que celebramos.


La Eucaristía, el banquete sagrado en el que participamos ahora es ‘la prenda de la gloria futura’, es el anticipo de la participación ‘en el banquete eterno del cielo’, es el comenzar a pregustar ya ‘la gloria del cielo’. ‘Ven, Señor Jesús’, decimos en la aclamación eucarística. Que ‘experimentemos constantemente en nosotros los frutos de la redención’, como hemos orado hoy.‘Sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura’.

7 jun. 2009

HOMILIA DEL DOMINGO 07 DE JUNIO 2009. FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD


UN COMPLETO MATERIAL DE APOYO ESPIRITUAL PARA MEDITAR DURANTE TODA LA SEMANA. NUESTRO AMIGO PADRE CARMELO HERNÁNDEZ DESDE TENERIFE ESPAÑA, NOS AYUDA A PROFUNDIZAR LOS EJES TEMÁTICOS DEL EVANGELIO DE CADA DOMINGO:


MONICION DE ENTRADA


La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotrosEl domingo pasado, día de Pentecostés, terminamos el tiempo pascual, el tiempo más importante del año, en el que celebramos la vida nueva de Jesús resucitado.
Ahora empezamos el tiempo ordinario, el tiempo más sencillo y cotidiano. Y lo hacemos recordando a Dios que se ha hecho presente en medio de nuestra vida, y se nos ha mostrado como Padre amoroso, como Hijo que se ha hecho hombre, como Espíritu que está con nosotros.


Celebramos hoy la fiesta de la Santísima Trinidad: Dios que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu, y que nos llena de su vida y de su amor.


En silencio, pongámonos ante Dios y pidámosle perdón.· Tú, que conocemos nuestra debilidad, Señor, ten piedad· Tú, que nos muestras tu ternura, Cristo, ten piedad· Tú, que eres la fuente de toda bondad, Señor, ten piedad.


ANTES DE LAS LECTURAS


Moisés habla al pueblo de Israel y les recuerda que Dios ha estado siempre a su lado, acompañándolos y liberándolos. Ahora, con Jesús, Dios se ha acercado muchísimo más: Dios se ha hecho un hombre como nosotros.
Si en la primera lectura se nos mostraba cómo Dios estaba cerca de su pueblo, ahora, san Pablo da un paso más y nos invita a descubrir que Dios está dentro de nosotros, que nos ha dado su mismo Espíritu, que nos ha hecho hijos suyos, unidos a su Hijo Jesucristo.


HOMILIA
Misterio inmenso de amor y de comuniónDeut. 4, 32-34.39-40; Sal. 32; Rom. 8, 14-17; Mt. 28, 16-20.


‘¿Hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta? ¿se oyó una cosa semejante? ¿Hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído la voz del Dios vivo…? ¿Algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras… como todo lo que el Señor, vuestro Dios hizo con vosotros…?’
Preguntas que le hace Moisés al pueblo para que comprendan desde su historia personal cuánto ha hecho el Señor por ellos e para invitarles a reconocerle. ‘Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Señor, allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra: no hay otro’. No les habla Moisés desde ideas o razonamientos intelectuales o filosóficos sino desde la propia experiencia de su historia personal y de la historia del pueblo de Israel.La historia de la revelación de Dios es la historia viva del Dios que se hace presente en nuestra vida y en nuestra historia.
Luego podremos, si queremos, hacer nuestros razonamientos o elaborar nuestro pensamiento de Dios. Pero el Dios en quien creemos es un Dios personal, un Dios que nos ama y que se nos revela, un Dios que se hace presente en nuestra vida y en nuestra historia tanto en la historia personal de cada uno como en la historia de la humanidad o de nuestra comunidad.Tenemos que abrir los ojos de nuestra fe para descubrir el rastro, las huellas que Dios va dejando de su presencia entre nosotros, que será siempre un rastro de amor, unas huellas de amor.
Todo nos habla de Dios, desde la contemplación de todo el universo, creación de Dios, que ya nos está hablando de la gloria del Señor que se manifiesta en sus obras, y que nos está hablando también de cómo ese amor de Dios todo nos lo ha puesto en nuestras manos, pero también de la contemplación del propio ser humano al que Dios he hecho grande cuando lo ha creado a su imagen y semejanza; muchas otras cosas podemos ser capaces de descubrir y sentir a Dios en la más hondo de nuestro propio corazón. Todo un regalo de amor de Dios para nosotros.
Así se nos manifiesta en Jesucristo, enviado del Padre, concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de María para ser presencia de Dios humanado, para encarnarse y hacerse hombre y tomar nuestra vida, para hacernos llegar todo lo que es el amor de Dios en la salvación que nos ofrece. Así se nos manifiesta en Jesucristo revelación de amor que nos ayuda a descubrir a Dios - por eso lo llamamos Revelación y Palabra de Dios -, y nos lo hace sentir en lo más hondo de nosotros mismos cuando nos llena del Espíritu divino, del Espíritu del Amor, del Espíritu de Dios.
¿Qué otra cosa hace Jesús sino revelarnos ese amor de Dios a quien ya podemos llamar Padre? ¿Qué es lo que nos da Jesús sino su Espíritu divino, el Espíritu Santo para llenarnos e inundarnos de la vida divina que nos santifica y nos hace hijos? ‘Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios’, nos ha dicho san Pablo en la carta a los Romanos. ‘Un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre)’. Todo esto lo podemos experimentar y sentir en lo más hondo de nosotros mismos, porque así se nos revela, se nos manifiesta y se nos hace presente en nuestra vida y nuestro corazón.
Hoy la liturgia de la Iglesia nos invita a contemplar y celebrar el misterio de Dios en su Santísima Trinidad. Pienso que no es momento de ponernos a intentar dar explicaciones y razonamientos, sino que es momento para la fe porque es así como se nos revela Dios en su infinito amor por nosotros. Sólo tenemos que dejarnos conducir por la fe y por el amor. Así se nos ha revelado, así nos lo ha trasmitido la Iglesia, así proclamamos nosotros nuestra fe en Dios, y así, tenemos que decir, lo sentimos en lo más hondo del corazón, de nuestra vida. Por eso digo respuesta de fe y respuesta de amor. Así nos ha amado Dios y nos ha revelado su amor, y así le respondemos con el obsequio de nuestra fe y de nuestro amor.
Dios que es misterio de amor y de comunión cuando hablamos de la Trinidad divina, tres personas distintas pero un único Dios verdadero, que nos está hablando de ese amor y de esa comunión tan íntima y profunda entre las tres divinas personas que hacen esa unidad indivisible de Dios. Fe en la Santísima Trinidad, entonces, que nos lleva a nosotros también por esos caminos de amor y de comunión, cuando Dios nos ha creado a su imagen y semejanza como se nos enseña ya en las primeras páginas de la Biblia.
Creados para el amor, creados para la comunión. Amor y comunión que nunca nos encierran sino que siempre nos abren a ese abrazo que nos une a las demás criaturas, a todos los hombres y mujeres, que entonces así hemos de vivir y así hemos de sentir que es el sentido más hondo de nuestra vida.
En el nombre de la Santísima Trinidad hemos sido marcados desde nuestro Bautismo, porque en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo hemos sido bautizados, para significar así también ese camino de comunión en el que hemos entrado desde la fe que tenemos en Jesús. ‘Id y haced discípulos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo’, hemos escuchado el mandato de Jesús en el evangelio.Trinidad de Dios que marca continuamente el recorrido de nuestra vida de creyentes porque siempre y en todo por Cristo y en Cristo a quien escuchamos, creemos y seguimos, por la fuerza y la unidad del Espíritu Santo que nos vivifica y nos santifica siempre queremos dar todo honor y toda gloria a Dios Padre todopoderoso; bien expresamos en el momento cumbre de nuestra Eucaristía, la doxología final de la plegaria eucarística.
Si decimos estos dos momentos tan esenciales de nuestra vida de creyentes, estamos significando cómo toda nuestra vida, en todo lo que hacemos o vivimos, está envuelta por el misterio trinitario de Dios. En el nombre del Dios uno y trino, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, iniciamos cada día cada cosa buena que queramos realizar haciendo la señal de la cruz, y en el nombre de ese mismo Dios uno y trino recibimos también su bendición y su gracia.


ORACION DE LOS FIELES


Presentemos a Dios, el Padre del amor, nuestras plegarias por la iglesia y por toda la humanidad, diciendo: PADRE, ESCUCHANOS


1. Por la Iglesia, por todos los que queremos vivir siguiendo el camino del amor de Dios. Oremos


2. Por el Papa Benedicto XVI, por nuestros Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas. Oremos


3. Por Europa, en este día de elecciones al parlamento europeo, para que no olvidemos nunca nuestras raíces cristianas y los valores espirituales sobre las que se ha construido a lo largo de los siglos. Oremos


4. Por los monasterios de vida contemplativa, por los monjes y por las monjas que dan en nuestro mundo testimonio de fe y de oración. Oremos


5. Por los pobres, los ancianos, los enfermos, por todos aquellos que viven marcados por el dolor y la debilidad. Oremos


6. Por nosotros, por los que cada domingo nos reunimos para celebrar nuestra fe y compartir la mesa de la Eucaristía. Oremos


Escucha, Padre, nuestra oración, y danos tu Espíritu Santo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

31 may. 2009

HOMILIA DE PENTECOSTÉS Y GUION COMPLETO. 31 de Mayo 2009


Un Material e Insumo Pastoral de Calidad Diseñado Por Nuestro Amigo Presbítero Carmelo Hernández. Desde Tenerife España.


MONICION DE ENTRADA


El Espíritu del Señor llena la tierra, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones. Hermanos y hermanas, en este domingo de Pentecostés, que la paz de Jesucristo resucitado esté con todos vosotros.
El Espíritu del Señor resucitado nos convoca a esta asamblea de hermanos. Él, el Espíritu que renueva la faz de la tierra, está presente entre nosotros hoy, en este domingo de Pentecostés, el último día de las fiestas de Pascua.
Recordemos ahora, al empezar nuestra celebración, aquel primer día en que empezamos a ser cristianos. Sobre nosotros fue derramada el agua de la vida nueva: el Espíritu de Dios se unió para siempre a nuestro espíritu y nos inundó de vida nueva. Sintamos cómo nos transforma, nos guía, nos renueva, nos hace hombres nuevos. Vivamos esta celebración sintiendo que el Espíritu del Señor se derrama de nuevo abundantemente sobre nosotros.
Recordemos ahora, al empezar nuestra celebración, aquel día de nuestro bautismo, el día en que empezamos a ser cristianos. Sobre nosotros fue derramada el agua de la vida nueva: el Espíritu de Dios se unió para siempre a nuestro espíritu. Invoquémoslo hoy sobre esta agua, y respondamos a cada invocación diciendo: Bendito seas por siempre. Señor.


(o cantado: Por siempre yo cantaré tu nombre, Señor)


· Te alabamos, Dios creador, que por el agua y la fuerza del Espíritu diste forma y figura al hombre y al universo.· Te alabamos, oh Cristo, que de tu costado abierto en la cruz, hiciste manar sangre y agua, los sacramentos de nuestra salvación.· Te alabamos, oh Espíritu Santo, que con tu potencia impetuosa haces de nosotros hombres y mujeres nuevos, testigos del Señor resucitado.Dios, Padre, bendice a tu pueblo, purifícanos del pecado y, por medio de esta agua, reaviva en nosotros el recuerdo y la gracia del Bautismo, nuestra primera pascua. Amen


ANTES DE LAS LECTURAS


El Espíritu Santo, el Espíritu del Señor resucitado, nos reúne aquí todos los domingos para escuchar la Palabra y celebrar la Eucaristía. Hoy, en este último domingo de Pascua, haciendo memoria de modo especial del don del Espíritu, vamos a escuchar la Palabra de Dios que nos renueve y nos dé vida.
Antes del Evangelio leeremos una antigua plegaria al Espíritu Santo. Unámonos a ella desde el fondo del corazón, pidiéndole que venga a nosotros, y nos renueve y nos acompañe.


HOMILIA


Es Pentecostés: El Espíritu realiza maravillas en nosotrosHechos, 2, 1-11Sal. 1031Cor. 12, 3-7.12-13Jn. 20, 19-23


‘No dejes de realizar en el corazón de tus fieles aquellas mismas maravillas que obraste en Pentecostés’, hemos pedido en la oración litúrgica. Y es que esto debe ser lo que estamos viviendo en esta celebración litúrgica.Sentimos quizá envidia de los apóstoles y discípulos reunidos en el cenáculo en Pentecostés, porque en el fondo deseamos experimentar en nosotros aquellas mismas señales de la presencia del Espíritu en nuestra vida. Pensamos en el ruido, en el viento recio, en las lenguas como llamaradas, o en el hablar lenguas extranjeras sin dificultad. Pero ¿esas son las cosas verdaderamente importantes de Pentecostés? Fueron sólo signos o señales externas de lo que más hondo se realizó. Y es lo que nosotros tenemos que buscar. Lo que queremos que se produzca hondamente en nuestro corazón.Fijándonos en los textos litúrgicos de esta fiesta nos dice que el Espíritu lleva a plenitud el Misterio Pascual de Cristo en nosotros, nos da el conocimiento de Dios y nos congrega en una misma fe; nos santifica y nos lleva al conocimiento pleno de toda la verdad revelada. Así lo había prometido Jesús. ‘Os enviaré el Espíritu de la verdad que os llevará a la verdad plena’. Y nos lo envió. Lo estamos celebrando.Nos dice san Pablo. ‘No podemos decir Jesús es Señor si no es por la acción del Espíritu’. Pero decir ‘Jesús es el Señor’ no es simplemente repetir la materialidad de las palabras, sino la confesión de fe que realizamos. Y una confesión de fe no es simplemente repetir unas palabras. Es el Espíritu que nos da el conocimiento de Dios para que podamos conocerlo. El Espíritu que ‘infunde el conocimiento de Dios a todos los pueblos’. Lo pedimos en la oración litúrgica: que ‘la efusión del Espíritu nos lleve al conocimiento pleno de toda la verdad revelada’.Sintamos todo esto como una realidad en nuestra vida. Tenemos, pues, que vivir la experiencia de la nueva comunión que se da entre nosotros por la confesión de una misma fe. Y es que el Espíritu Santo nos congrega, nos une y nos reúne, nos hace amarnos y sentirnos hermanos. ‘Todos bebemos del mismo Espíritu’ y ese Espíritu crea en nosotros una relación nueva por el amor. Y tendrá que expresarse en nuestra vida.Babel fue el signo de la confusión donde cada uno va por su lado, andamos divididos y enfrentados, nos cuesta entendernos como si habláramos lenguajes extraños. Estamos muchas veces en Babel, hablando una misma lengua pareciera que hablamos lenguajes distintos porque nuestras palabras o nuestras actitudes nos separan y nos hieren, no logramos el entendimiento sino la división y el enfrentamiento. ¿No nos hemos fijado en lo que nos sucede muchas veces en las discusiones, en las que porque no nos oímos lo que hacemos es enfrentarnos cada vez más?Ahora con la efusión del Espíritu todo tiene que ser distinto. El signo del don de lenguas que contemplamos en Pentecostés, como nos ha narrado el texto de los Hechos de los Apóstoles, viene a significar ese nuevo entendimiento y comunión que por la acción del Espíritu se realiza en nosotros.Hoy es Pentecostés. Pero no sólo porque hace 50 días de la Pascua y ahora toque Pentecostés. Hoy es Pentecostés porque hoy se realizan las mismas maravillas de Dios en nosotros por la acción del Espíritu Santo. No es un recuerdo. Tiene que ser una realidad vivida en cada uno de nosotros y en toda la comunidad, como en toda la Iglesia.Igualmente tenemos que sentir entonces en nuestro corazón ese fuego del Espíritu Santo que nos llene del amor de Dios, pero nos llena también del mismo coraje y valentía, de la misma Sabiduría divina para proclamar con conocimiento pleno que Jesús es el Señor.Hoy es Pentecostés y tenemos que sentir en lo más hondo de nosotros mismos este impulso del Espíritu que nos lleve a descubrir y desarrollar también esos carismas que el Señor nos ha dado, no para beneficio personal, sino para bien de la Iglesia. El Espíritu Santo fue ‘el alma de la Iglesia naciente’ que suscitó en el corazón de aquellos primeros cristianos esos dones y carismas que impulsaron e hicieron crecer a la Iglesia. ‘Diversas funciones, diversos ministerios, diversos dones, pero un mismo Espíritu, un mismo Señor, un mismo Dios, Padre de todos… en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común’. Eso mismo tiene que suscitarse en nosotros y en nuestra Iglesia.Tenemos que vivir un Pentecostés muy fuerte en nuestra Iglesia; algunas veces parece que está dormida por esa falta de espíritu que se aprecia en muchos cristianos que no han terminado de descubrir cuál es la función que tienen que realizar en la Iglesia y en el mundo. Está esa vida amorfa y sin iniciativas de tantos cristianos poco comprometidos; pero muchas veces los pastores, tenemos que reconocer, tampoco sabemos suscitar y valorar esos dones y carismas en los laicos en medio del pueblo de Dios.Reconozcamos las diversas funciones y ministerios que pueden y tienen que haber en la Iglesia y apoyemos la corresponsabilidad de todos los fieles en la tarea y la misión de la Iglesia. Que eso es obra del Espíritu.No porque celebramos en esta Jornada el día del Apostolado seglar está todo hecho. Es en el día a día donde tenemos que suscitar y valorar ese apostolado seglar, donde tenemos que promover que los laicos desarrollen su función en medio de la Iglesia.Es Pentecostés. Dejémonos inundar por el Espíritu Santo. Llenémonos de esa paz que es el regalo pascual de Cristo resucitado cuando envía sobre nosotros el Espíritu Santo como hizo con los apóstoles en el cenáculo. ‘Enviaste al Espíritu Santo para llevar a plenitud el Misterio Pascual’.Que lleguemos en verdad a esa plenitud del misterio pascual de Cristo. En el Espíritu nos sentimos transformados. Es el Espíritu el que nos hace pasar verdaderamente de la muerte a la vida, el que nos hace vivir en plenitud todo el misterio de Cristo. Que a partir de la vivencia de este Pentecostés se note en verdad esa nueva vida en nosotros, que revitalice a la Iglesia y que dé vida a nuestro mundo con la luz y el sabor del Evangelio.


ORACION DE LOS FIELES


Invoquemos ahora al Espíritu, el Padre de los pobres, el don de vida que fecunda nuestra existencia y renueva el camino de la humanidad. Oremos diciendo: VEN, ESPÍRITU SANTO.


1. Para que el Espíritu Santo llene con sus dones a la Iglesia, al Papa Benedicto XVI, nuestro Obispo.....y todos los Obispos y pastores de la Iglesia, para que anuncien sin cesar la salvación de Jesús a todos los hombres. oremos


2. Para que en todas partes los cristianos aportemos un buen testimonio de justicia, de amor y de fe. Oremos


3. Para que los que no creen en Cristo lleguen a descubrir la alegría del evangelio. Oremos


4. Para que el Espíritu del Señor suscite en su Iglesia personas comprometidas que anuncien de palabra y también con el testimonio de su vida el Evangelio a todos los hombres. Oremos


5. Para que toda persona, de cualquier lugar del mundo, pueda vivir con dignidad, con confianza, con esperanza de futuro. Oremos


6. Para que los pobres, los enfermos, los ancianos, todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, sientan la fortaleza del Espíritu divino y en la solidaridad de los hermanos encuentren alivio y consuelo en su necesidad y dolor. Oremos


7. Para que la Eucaristía que nos reúne todos los domingos transforme nuestro corazón y nos llene de los mismos sentimientos que tenía Jesús. Oremos


Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.